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Columna

Ser sal de la Tierra

EVANGELIZCIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA

    La sal, ingrediente capaz de transformar el sabor de los alimentos, bastando solo un poco de ella para cambiar el ánimo, en los comensales, por el disfrute del gusto.

    Una alegoría sobre ella fue dicha por el Maestro Jesús para indicar un estilo en la forma de vivir, otorgando la capacidad de permear las estructuras de la convivencia humana, gustando de la atracción por la bondad de la rectitud, en una chispeante vivacidad al experimentar la plena satisfacción de ir dejando huellas indelebles.

    Convencer, más que con palabras, con hechos, de una manera atrayente, no con imposiciones, ese es el reto planteado, no por medio de la fuerza, sino con el ejemplo personal.

    “Ustedes son la sal de la tierra, si la sal se vuelve insípida con que se le devolverá su sabor”, con esta alegoría el Maestro nos invita a una actitud en la cual la vida deberá permear las variadas circunstancias presentes en la vida, impregnado los momentos de la existencia.

    Un estilo en el cual las contrariedades y las adversidades solo son un reto por superar, vislumbrando, con optimismo el resultado final, como una meta siempre posible de alcanzar.

    Vivir la vida empeñados en la construcción del reino anunciado e instituido por Jesús, pudiera parecer una ilusoria utopía, con rasgos de inalcanzable, una inexistente realidad hoy, pero, como toda utopía, algún día podrá hacerse realidad.

    Decisión y ánimo, ingredientes esenciales son para hacer realidad toda ilusión y más allá de vencer una resistencia es necesario convencerse a sí mismo y a los demás de la fiabilidad, aun cuando existan las dificultades y que, aunque los primeros pasos sean pequeños, el fin se alcanzará.

    En un espacio de tiempo de dos milenios el Reino de Dios, la Iglesia presente en este mundo, se ha dado a la tarea de establecer la utopía de su divino fundador, alentado por el optimismo contagiaste de sus primeros constructores, quienes no se detuvieron ante las más atroces adversidades y a pesar de las humanas limitaciones de quienes con el paso del tiempo equivocaron una parte del espíritu original, pretendiendo vencer en lugar de convencer, sin embargo el sendero dejado muestra la hazaña de su recorrido.

    El avance ha sido significativo, pero aún queda un largo camino por recorrer, muchas dificultades todavía hay por superar, pero la meta sigue siendo contemplada con claridad; un mundo donde reine la justicia, la armonía y la comprensión.

    Ser sal, impregnado el sabor de una vida de fe, comunicada por el Divino Fundador, es la tarea esencial, un lugar en donde los contrarios nos sean vistos como enemigos, sino como simples adversarios, empeñados finalmente todos en la construcción de un mundo mejor, cada vez más humano.

    Cada grano es el condimento para un ambiente, en el cual se realiza el sueño de Dios, en el momento de la grandiosa obra de la creación.

    Decisión y ánimo, ingredientes esenciales son para hacer realidad toda ilusión y más allá de vencer una resistencia es necesario convencerse a sí mismo y a los demás de la fiabilidad, aun cuando existan las dificultades y que, aunque los primeros pasos sean pequeños, el fin se alcanzará.