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"Religión"

"Un llamado a la vida"

"El Padre Carlos Magaña celebrará 40 años de haber recibido la ordenación sacerdotal"
06/11/2015 09:19

    En una comunidad pequeña llamada La Quemada, Michoacán, en su infancia, sintió el llamado a una vida de alegría, a seguir los pasos de Jesús, gracias a sus padres que le transmitieron su amor a Dios. Hoy, como hace 40 años, el padre Carlos Magaña le pide al Señor que le conceda el don de la fidelidad a su sacerdocio.
    Junto a otros jóvenes como él, Rafael Soto, Francisco Méndez, Lorenzo Duarte y Héctor Orozco, y ante el orgullo de sus progenitores y sus 9 hermanos, un 29 de junio en La Lomita concelebró la primera misa. Este día los cinco agradecerán por una vida de consagración en el mismo templo, a las 19:00 horas.
    "Son 40 años llenos de una vida activa, creo que de los compañeros soy el que ha tenido menos cambios", expresa el padre Carlos Magaña.

    Joven inquieto
    Su infancia fue de trabajo en el campo, ayudándole a su padre. No tuvo oportunidad de ir a un kínder, ni a la primaria, pero estudió esta última gracias a que gente del pueblo pagaba a unos maestros para que impartieran clases por temporadas.
    "Yo siempre cargaba mi libreta de apuntes, resúmenes que le llamábamos, algunos libros que nos asignaba. Salía temprano a dar de comer a los bueyes y mientras los animales comían, yo me ponía a leer; en la noche me quedaba para que los animales comieran y venía llegando a la casa a las 8 de la noche, me salía a las 5 de la mañana, estudiaba lo que podía.
    "Esa maestra principalmente, tenía mucha inquietud por enseñar y se dio cuenta que había muchos muchachos que no podían ir en el día y voluntariamente nos daba 2 horas de clase por lo menos cuatro veces por semana", añade.
    Tenía una meta fija, estudiar, por ello a los 13 años se fue a Morelia, pero se regresó sin éxito.
    Pensó en venir a Sinaloa pero su madre se opuso a que se alejara del hogar paterno. Posteriormente hizo un segundo intento por estudiar en Morelia, pero para ese entonces, dice, ya pedían el certificado de primaria y él ni preescolar tenía.
    "No me recibieron, no saben lo que perdieron", indica entre añoranzas mientras sonríe.
    Estaba por cumplir 17 años cuando entró al seminario en Culiacán, donde además de conocer más a Dios, empezó a conocer a los sinaloenses, sus costumbres, su habla.
    Con orgullo hoy señala que a los 30 años, hace cuatro décadas se convirtió en el párroco más joven de la Diócesis de Culiacán, y en su memoria ha grabado infinidad de experiencias vividas en Sinaloa.
    "Con el paso del tiempo ha habido sacerdotes que me han dicho que por qué no me regreso, no, a pesar de que mis familiares seguían allá, ya después siente uno gratitud para la institución que nos recibió y nos dio la formación, el Seminario de Culiacán, y pues con gusto me quedé a prestar mis servicios en la Diócesis de Culiacán", explica.

    Su servicio
    El brillo de su mirada se intensifica cuando habla de su servicio a Dios y a la gente; de las experiencias tan diversas que vivió en comunidades como Guamúchil, Mocorito, Culiacancito, donde incluso dio clases en una secundaria; después llegó al templo de San Francisco de Asís, ya en Culiacán, y posteriormente en Las Quintas, en la iglesia del Espíritu Santo, donde estuvo 15 años, y de ahí resultó un grupo de amigos con los que aún se reúne a jugar dominó.
    Desde hace cinco años, el Padre Carlos Magaña está en el templo que conoció cuando aún estaba en proyecto, y desde su creación ha celebrado a la virgen Santa Cecilia, que ahí se venera, ya por cariño, indica.
    "Yo venía da dar catecismo en la iglesia del Refugio y el Padre Fortunato Quiroz, que atendía esa iglesia, me dijo 'se están abriendo más colonias, es el momento de ir a localizar un buen lugar para una iglesia', venimos, anduvimos viendo, y dijo 'va a ser la lomita esa', tenía una vista preciosa donde te pares, así fue como pude andar aquí. Ese mismo año me ordené, y me tocó venir a participar en la primera fiesta que se celebró aquí a Santa Cecilia en una enramada", relata.
    En sus más de 55 años en Sinaloa, para el amigo de muchos son incontables las vivencias, y para el sacerdote, de satisfacción cuando ha podido ayudar a la gente escuchando sus penas.
    "Vivimos en este mundo apretujándonos unos con otros, y mucha gente en medio de esa multitud vive una gran soledad; el poder ayudar a las personas en esas circunstancias es una de mis grandes satisfacciones, que no han sido una ni dos, han sido cientos en los 40 años", expone.
    "Lo mismo en la confesión, son momentos de encuentro con la intimidad de las personas, y el confesionario es un lugar privilegiado para conocer a las personas de un pueblo", añade quien en sus ratos libres practica algún deporte.
    Para él también han sido enriquecedores los encuentros de pastoral bíblica y de catequesis, regionales o nacionales, en algunos de los cuales ha participado como expositor.
    El padre Magaña dice que la vida de sacerdocio es de gozo, de hermandad, que si bien lo llevó a estar lejos de su familia, ha encontrado muchos brazos abiertos en los caminos del Señor.
    "Tiene que ser una vida alegre, estar haciendo el esfuerzo de estar conviviendo con todos los hermanos sacerdotes, también el encuentro de las personas, donde quiera hay gente que lo recibe con los brazos abiertos, esa frase de Jesús que uno paga al ciento por uno, es una realidad para mí, porque si dejé una familia, hay cientos de familias que me reciben como miembro de la casa".
    Su ruego a Dios desde sus inicios como sacerdote, señala, es que le conceda en don de la fidelidad al Todopoderoso.
    "Eso se lo he pedido toda la vida y eso le voy a seguir pidiendo, los demás cargos o nombramientos que me han llovido durante toda la vida también, yo por encima de todo lo único que pido es el don de la fidelidad al sacerdocio que medio", subraya quien el 2 de noviembre cumplirá 71 años.

    Distinta vocación
    De su padres, Luis y Ernestina, recuerda que lo único que les preocupaba era dar de comer a sus 10 hijos y enseñarles a Dios.
    "Estábamos nosotros a 5 kilómetros de la cabecera parroquial, en aquel tiempo no teníamos misa los domingos, teníamos entre semana a veces, entonces los domingos a veces íbamos al pueblo a misa y de paseo y mi papá en el camino nos iba diciendo '¿a qué vamos al pueblo?, a pasearnos, ¿verdad?, pero principalmente ¿a qué más?, a la misa', y nos explicaba lo que era la misa, y de regreso había examen, '¿de qué habló el padre en la misa?, pues nos agarraba en curva", comenta.
    El padre Carlos Magaña es el mayor de los 10, y como él su hermano Guadalupe, 8 años menor, también eligió el sacerdocio, mientras que el resto de los hermanos, dos mujeres, están casados y radican unos en Estados Unidos y otros en México.
    "En resumidas cuentas los pasos que seguimos son los de Jesús, cada uno a su manera. Cómo sería ejemplo, pues Dios a cada uno lo llamó por su vocación, yo no puedo decir que soy ejemplo de los casados porque Dios los llamó por ese camino", considera.
    Su papá falleció hace 8 años y su mamá va a cumplir dos en enero. Físicamente no están, pero sí la familia hermanable que forjaron en una pequeña comunidad, La Quemada, Michoacán, donde se reencontrarán el 8 de agosto, en ocasión de los 40 años de sacerdocio del Padre Carlos y aniversario luctuoso de don Luis, en respuesta a la promesa de buscar pretextos para reunirse.

    CELEBRACIÓN 
    Hoy, a las 19:00 horas, los presbíteros Carlos Magaña, Rafael Soto, Francisco Méndez, Lorenzo Duarte y Héctor Orozco celebrarán 40 años de vida sacerdotal, en el templo de La Lomita.

    REFERENCIAS
    - El padre Carlos Magaña fue el párroco más joven de la Diócesis de Culiacán, se ordenó a los 30 años.
    - Tuvo a su cargo la economía del seminario durante cinco años.
    - Colaboró varios años en el Movimiento Familiar Cristiano.
    - Es asesor moral de la Asociación Mexicana para la Integración de la Familia.
    - También participa como asesor en el movimiento por la paternidad responsable.
    - En sus ratos libres le gusta hacer deporte.