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Columna

Valores de la vida

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
24/02/2026 14:33

    En el sentido auténtico y actual, la educación debe ser una apertura hacia el conocimiento de los valores, ya no como simples conceptos, objeto de información, sino más bien, que el educando, partiendo de su propia capacidad y libertad, vaya descubriendo el camino de la vida en toda su plenitud.

    La verdadera educación, siempre estará orientada hacia la formación del ser humano, más allá de la sola enseñanza y capacitación de los métodos de productividad, con la pretendida meta principal y muchas veces única, de competir en una sociedad consumista.

    Al olvidar la necesidad primaria de formar al hombre, para que llegue a ser persona en todo su sentido, esta enseñanza se convierte en una irrelevante eficacia.

    El diálogo permanente y el respeto profundo por la persona siempre estarán presentes en la búsqueda de capacitación para la toma de decisiones, asumidas con un compromiso responsable de las consecuencias derivadas de ellas en el rumbo permanente de la existencia.

    En su obra Educar en los valores, Armando Rugarcía nos dice; “Valores es aquello a lo que vale la pena dedicar toda la vida, estos se descubren con la mente, pero deben de sentirse con el corazón”.

    La sublimidad del maestro verdadero nace de su tarea de transmitir no solo conocimiento, sino, ante todo de ser un formador y un impulsor, así la enseñanza consiste en fomentar el crecimiento, hasta convertirse en persona. Finalmente, lograr esto será la mayor satisfacción de un educador.

    Al educar en los valores, hay que tener conciencia de que el Saber, al ser utilizado se convierte en Poder, el cual dirigirá hacia la cumbre o hacia el abismo, tanto en lo social, como en lo personal, al ser utilizado este poder, ya sea para o construir o para destruir, para el bien o para el mal, de ahí que educar en los valores conlleve a un verdadero discernimiento.

    Finalmente, la formación en los valores nos lleva a una preocupación profunda de la persona, estructurada en el conocimiento de sí misma, esto es, una búsqueda de la verdad, no solo verificable por una explicación, sino por el testimonio ofrecido por la persona, una verdad hecha valor, en atención de las palabras del Divino maestro; “la verdad os hará libres”.

    Al educar en los valores, hay que tener conciencia de que el Saber, al ser utilizado se convierte en Poder, el cual dirigirá hacia la cumbre o hacia el abismo, tanto en lo social, como en lo personal, al ser utilizado este poder, ya sea para o construir o para destruir, para el bien o para el mal, de ahí que educar en los valores conlleve a un verdadero discernimiento.