Venimos a escuchar la risa
del silencio marino
a acariciar la luna
a besar los labios de la noche
a jugar con el vaivén del agua
y traer el viento en popa
y en la proa la brisa que se estampa
a ponerles nuevos nombres
a las flores hawaianas
a cantar esta canción en martes
más allá de la piel de la tierra
sobre la cama del océano Pacífico.
Venimos a ver el mar
espejo de sueños viajeros
con ilusiones compartidas con el sol
que se asoma por el horizonte
pícaro y husmeante
para beberse los deseos.
No se puede escoger otro camino
cuando el destino navega
para llegar a puerto seguro.