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"Vértigo"

"Vértigo"
06/11/2015 09:48

    'Batman, El Caballero de la Noche'
    (***)

    Cuando la Warner decidió reformular a Batman hace tres años, en Batman Inicia (2005), yo fui uno de los pocos que se declaró indiferente por la relectura del Hombre Murciélago hecha por Christopher Nolan. ¿Indiferente?: incluso, a ratos, aburrido. Nunca entendí, por ejemplo, qué es lo que buscaba el villano Liam Neeson.
    Por lo mismo, entré a ver la esperadísima secuela Batman, El Caballero de la Noche (The Dark Knight, EU, 2008) con un buen grado de escepticismo. Honestamente, esperaba aburrirme de forma moderada para luego escribir una reseña en donde podría alabar lo alabable -Heath Ledger, Michael Caine, la sustitución de Katie Holmes por Maggie Gyllenhaal- y confesar que, ni modo, este Batman no era para mí. Pero no: el sexto largometraje del inglés hollywoodizado Christopher Nolan me sorprendió hasta borrar (casi) todas mis defensas.
    No, no es la mejor película de todos los tiempos, como los cibernautas ya lo decretaron con sus votos en la Internet Movie Database, pero no sería exagerado afirmar que se trata de una de las mejores comic-movies de toda la historia (tal vez sea la mejor), al lado del díptico burtoniano Batman (1989) y Batman Regresa (1992), y las primeras dos entregas de El Hombre Araña (Raimi, 2002 y 2004). Con un añadido: ninguna de las cuatro cintas antes mencionadas -ni siquiera las dos dirigidas por Burton- tiene ese aire oscuro, desesperanzador, digno del más asfixiante film-noir, del más escéptico de los westerns revisionistas.
    Ciudad Gótica es, más que nunca, una ciudad temerosa y acorralada por el crimen organizado y, por lo mismo, es también vil y mezquina. En ella, Batman (Christian Bale) sigue deteniendo todos los delincuentes que puede, con la no deseada "ayuda" de varios imitadores que, disfrazados de murciélagos, hacen su propia luchita justiciera. En este confuso entorno llega alguien completamente nuevo: alguien a quien no le interesa el dinero, que no le interesa el poder, que no le interesan los planes. Sólo quiere ver al mundo arder, como lo describe el sabio mayordomo Alfred (Michael Caine con su impecable gravitas). Mejor aún: el nuevo chico del barrio, el Guasón, quiere ser el que encienda el fuego. Y nomás porque sí.
    El corazón de Batman, El Caballero de la Noche, está en el impredecible Guasón de Heath Ledger, muy distinto al también inolvidable Guasón de Jack Nicholson. Mientras que el Guasón de 1989 era el resultado de un ego distorsionado -Nicholson encarnaba a un gangster con el rostro deforme que buscaba vengarse de Batman-, el Guasón 2008 es un animal diferente, mucho más inquietante, mucho más temible, imposible de vencer sin convertirse en alguien como él. Se trata de un nihilista-anarquista cuya única regla es no tener reglas y que desprecia todo lo que hace posible que existamos en sociedad. Es un villano enfermizamente fascinante y Ledger, contagiado por la anarquía de su criatura, nos entrega un palimpsesto interpretativo: la risita contagiosa de César Romero (el Guasón televisivo), la seguridad sicopática del Malcolm McDowell de La Naranja Mecánica (Kubrick, 1971), la caprichosa dicción del más extravagante Marlon Brando. Es imposible apartar la vista de Ledger y es imposible verlo sin sentir escalofríos.
    Batman, entonces, se enfrentará a un rival que, al final de cuentas, no podrá vencer totalmente. El veneno de el Guasón ?el darnos cuenta que nuestra vida no vale un centavo, que el orden existente es precario, que el universo es cruel e indiferente e injusto- ha sido inoculado y el único antídoto posible para resistir, para seguir viviendo, para tener esperanza, será la mentira. El creer en un héroe que nunca existió (Aaron Eckhart, como el audaz fiscal Harvey Dent convertido en el rabioso vengador Dos Caras), el cargar crísticamente con los crímenes no cometidos, el quemar una carta postrera para que no haga más daño a quien dañado ya está y para siempre.
    Por supuesto, Batman, El Caballero de la Noche, dista de ser perfecta. Hay por lo menos dos secuencias demasiado confusas en su montaje y ejecución (la captura de El Espantapájaros/Cillian Murphy y la secuencia del edificio en el que Batman busca a El Guasón) mientras que la música de James Newton Howard y Hans Zimmer comete el peor de los pecados: llama la atención sobre sí misma cuando no debe. Es decir, estorba.
    Lo que no estorba nunca es aceptar que nos equivocamos en nuestras expectativas. Esperábamos un petardo veraniego y recibimos una inteligente, provocadora y adulta obra mayor que podría pasar, ¿por qué no?, como el primer filme herético súper-heroico. La primera cinta súper-heroica en la que se nos asegura que la única manera de vivir en sociedad es construir una gran mentira... y creer en ella. Y perseguir a nuestro protector, convertido en chivo expiatorio. Una película notable.
    *****
    Comentarios: cinevertigo.blogspot.com