"Vértigo"
En algunas de las mejores películas de Neil Jordan Lobos, criaturas del diablo (1984), la infravalorada Entrevista con el vampiro (1994), Sueños de un asesino (1999), El ocaso de un amor (1999), Desayuno en Plutón (2005)- los elementos irreales, imaginados o fantásticos dominan la trama y la puesta en imágenes. Y en todos estos filmes, Jordan se deja llevar, para bien, por la fantasía.
Por eso, La mujer que vino del mar (Ondine, Irlanda-EU, 2009), su décimo-sexto largometraje, entusiasma tanto en un inicio. La historia, escrita por el propio cineasta -y que trata de una sirena que es capturada en las costas de Irlanda por un solitario pescador-, y su segura ejecución con todo y la luminosa fotografía ad hoc del gran Christopher Doyle-, nos indican que estamos ante un encantador cuento de hadas contemporáneo.
Sin embargo, inexplicablemente, en la última parte de la cinta, el universo fantástico creado por Jordan y su equipo se colapsa con vueltas de tuerca innecesarias y con una resolución dramática que no sólo resulta pedestre sino hasta enojosa. Si la cinta termina aterrizando en la vulgar realidad, ¿para qué se tomaron la molestia de crear todo ese sugerente escenario?
Así pues, lo que podría haber sido una obra mayor de Jordan después de ese tropiezo alimenticio que fue Valiente (2007), se convierte en una lamentable oportunidad perdida debido a ese extraño último tercio en el que la cinta cambia inopinadamente de piel.
De todas formas, aunque malograda, cualquier película dirigida por Jordan tiene más que ofrecer que la mayoría de las cintas exhibidas en la cartelera comercial mexicana. Aquí, además del manejo de la luz y el encuadre por parte del fotógrafo de Wong Kar-wai, Christopher Doyle, hay que subrayar el impecable manejo de todos los actores por parte de Jordan.
Así, Colin Farrell crea un personaje encantador por lo vulnerable, la tampiqueña/polaca Alicja Bachleda logra trascender más allá de su inobjetable belleza, y la niña Alison Barry se roba cada escena en la que aparece. Por todo lo anterior, resulta decepcionante que la cinta se derrumbe en esa última parte en la que Jordan decidió darle la espalda a la fantasía para voltear hacia el mundo real. ¿Y para qué?: la realidad ya la conocemos. Y es aburrida.
Precisamente de ese aburrimiento tratan de escapar los protagonistas de Hot tub: solteros en el tiempo (Hot tub: time machine, EU, 2010), segundo largometraje de Steve Pink (opera prima Aceptados/2007, no vista por un servidor).
Estamos, al final de cuentas, ante in ingenioso refrito de la clásica Volver al futuro (Zemeckis, 1985) sólo que dirigida a venerables cuarentones, como quien esto escribe. La trama gira alrededor de un trío de amigos fracasados (John Cusack, Craig Robinson y Rob Corddry) que viajan a sus tiempos preparatorianos -en concreto, a 1986- a través de un jacuzzi mágico. Repleto de referencias ochenteras -con todo y cameos claves de Chevy Chase y Crispin Glover- supongo que esta cinta califica como mi placer culpable del año. Es más: debo confesar que hasta me pareció más entretenida que La mujer que vino del mar. Ni modo: ya, pues, demándenme.
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