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"Vértigo"

"'Iron Man, El Hombre de Hierro' / (**): dos asteriscos"
06/11/2015 08:27

    El verano hollywoodense empieza antes que el verano climático desde hace varios años. Y esta vez, en 2008, el verano fílmico inició globalmente el 30 de abril, con el estreno mundial de Iron Man, El Hombre de Hierro (Iron Man, EU, 2008), cuarto largometraje del actor, guionista y ascendente artesano Jon Favreau (El duende/2003, Zathura: una aventura fuera de este mundo/2005), quien ha logrado uno de los éxitos económicos más grandes de la temporada: con 186 millones de dólares de presupuesto, la cinta ha ganado más de 400 millones de billetes verdes en apenas 15 días en cartelera.
    El filme tiene limitaciones genéricas insalvables ?se trata del primer episodio de una historia de super-héroes, lo que quiere decir que tenemos a un personaje cualquiera que saldrá de un trauma personal convirtiéndose en protector de la humanidad- y un problema imposible de minimizar: la climática escena de acción en el que el héroe y el villano se enfrentan es más confusa que emocionante. Sin embargo, con todo y estos defectos y/o servidumbres, Iron Man se nos presenta como una buena película veraniega, divertida, ingeniosa y más inteligente de lo que uno podría suponer.
    Algunos han dicho que se trata del mejor filme de súper-héroes desde El Hombre Araña 2 (Raimi, 2004) y creo que tienen razón.
    Creado el cómic en 1963 por Stan Lee en plena Guerra Fría, cuatro guionistas han adaptado al presente la historia del empresario armamentista y frívolo playboy Tony Stark (Robert Downey Jr. gozando su justa condición de súper-estrella veraniega) que, después de ser secuestrado por un grupo de malosos, se convierte ?o más bien, se reconstruye- en el susodicho Iron Man, una especie de arma letal ambulante y voladora.
    Sólo que ahora, en 2008, los villanos no están representados por el Vietcong, sino por unos terroristas (¿afganos, paquistaníes?) que podrían ser parientes cercanos de Osama bin Laden.
    Claro que la tradición obliga que el auténtico y más peligroso de los malvados no esté fuera de los Estados Unidos, sino en el interior del mismo y que, además, sea una suerte de alter-ego del nuestro héroe: nos referimos al inescrupuloso socio/mentor de Stark, encarnado con admirable convicción por Jeff Bridges, quien nos entrega una oscura variación de su carismático presidente de mirada taladrante de La Conspiración (Lurie, 2000).
    Aunque la premisa que provoca el cambio de Stark es francamente infantil -¿a poco un empresario armamentista no sabe que sus productos caen en manos de quien tenga el suficiente dinero para comprarlos, sea Al Qaeda, "El Mochomo" o el desaparecido Charlton Heston?-, Downey Jr. logra transmitirnos de manera genuina el relativo cambio en su personaje.
    Y apunto relativo porque lo que hace más atractivo a su Tony Stark es que aunque ahora parece tener algo parecido a una conciencia, sus otras características permanecen intactas: su inocultable vanidad, su insufrible narcisismo, sus dependencias alcohólicas... Stark es un superhéroe que no tiene grandes traumas (como Batman), tampoco es una especie de pomposo Cristo volador (como Superman) ni es un perpetuo e inseguro nerd (como El Hombre Araña) ni, mucho menos, sufre por ser despreciado o relegado por los "normales" (como los X-Men).
    Stark es un bon-vivant que disfruta del dinero que tiene, del poder que ejerce a cada rato y que se encama con quien se deja después de manejar su auto jamesbondesco a toda velocidad.
    Por lo mismo, apenas puede guardar el secreto de que él es Iron Man: Stark necesita que lo quieran, que lo admiren, que lo envidien. Es un simpático egocéntrico que apenas logra ocultar sus vacíos e inseguridades.
    Por lo mismo, el golpe de genio de los productores fue haber elegido al actor perfecto para interpretar a este insoportable y, al mismo tiempo, atrayente narcisista: Robert Downey Jr.
    Un último detalle: la presencia de una despampanante Gwyneth Paltrow cuya belleza, me aventuro a afirmar, es ahora mayor en sus treinta-y-tantos años, que hace una década, en Shakespeare enamorado (Madden, 1998).
    La relación que Stark tiene con su asistente/secretaria Pepper Potts (¡qué nombre!), interpretada por la señora Paltrow, es digna de las comedias románticas de los años 30.
    Downey Jr. y ella se hablan, se miran e intercambian agudezas e ironías de tal forma que a veces uno olvida que está viendo una cinta veraniega de súper-héroes y ruidosos efectos especiales. Por desgracia, hacia el último acto del filme, esos F/X son los que dominan la pantalla, echando a perder buena parte del encanto.

    Comentarios: cinevertigo.blogspot.com