Una historia muy similar a El Gran Calavera (Buñuel, 1949) reseñada aquí mismo el martes pasado- es la que está en el corazón de Nosotros los nobles (México, 2013), dirigida por Gary "Gaz" Alazkari.
El guión, escrito por el propio cineasta debutante en colaboración con Patricio Saiz y Adrián Zurita, nos presenta al millonario constructor Germán Noble (Gonzalo Vega, nunca llenando los enormes zapatos de Don Fernando Soler) que, harto de la vida inútil/disipada de su tres hijitos nini, el mirrey Javi (Luis Gerardo Méndez), el hipster Charlie (Juan Pablo Gil) y la insoportable princesa Barbie (guapa Karla Souza), les hace creer que están siendo perseguidos por la policía y que han quedado en la miseria, por lo que ahora van a aprender a amar a Dios en tierra de indios.
O sea, van a tener que chambear: Javi como conductor de un pesero "pidata", Charlie como oficinista acosado por su jefa madurona y Barbie como suculenta mesera en minifalda de cierta cantina en la que trabaja como cocinero su luchón/resentido amor proletario, Lucho "el debilucho" (Ianis Guerrero).
En cuanto a la puesta en imágenes se refiere, Nosotros los nobles está años luz de la emblemática fluidez buñueliana de El Gran Calavera, aunque habría que aceptar que tampoco tiene demasiados baches narrativos.
Eso sí, habría que reprocharle un tufillo aleccionador/regañón en contra del papá (in)Noble que nunca se dio cuenta de los problemas de sus hijitos (que si la dislexia de Javi, que si la bulimia de Barbie, que si la... la... bueno, la mera hueva de Charlie) y una severa deficiencia en la descripción de los tres ninis protagónicos, pues mientras el Javi de Luis Gerardo Méndez y la Barbie de la eficaz señorita Souza tienen un adecuado arco de transformación, el Charlie de Juan Pablo Gil aparece desdibujado, incompleto, acaso incluso superfluo en el contexto de todo el filme.
Lo mismo pasa con el disparejo cuadro actoral: mientras Vega, Méndez y Carlos Gascón -como un falso español nacido en Cholula- hacen más o menos bien su chamba, y Gil y Guerrero aparecen perdidos, la única que aprovecha la oportunidad de lucimiento -en más de un sentido- es la señorita Souza, hilarante con su acento y pose de reinita fresa desdeñosa/desdeñante venida a menos, con todo y sus one-liners políticas-paranoicas ("¿Por qué nos están quitando todo, como en Venezuela?", "Ahora resulta que estamos en Cuba", y les faltó una en la que dijera: ¿"Qué, siempre sí ganó el Peje?").
Por lo demás, los mejores gags están casi todos en el excelente trailer que nos vendía una película mucho más divertida y aguda que, al final de cuentas, nos queda a deber. De cualquier forma, no me queda más que felicitar al joven Alazraki por el éxito económico de su cinta. Esto es algo bueno para el negocio del cine en México. Y, además, en una de esas, con todo el dinero que se está embolsando, no hay que descartar que Alazraki haga luego una película más lograda e interesante que esta.
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