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"Vuelo libre"

"Conjura contra la vida"
08/11/2015 12:18

    Martín Amaral

    1. En 1930 Sigmund Freud escribió su famoso libro El malestar en la cultura y ya en la primera línea denunciaba: "en lugar de los valores de la vida, se prefiere el poder, el éxito y la riqueza, buscados por sí mismos".
    Hoy día estos factores han alcanzado tal magnitud que el malestar se ha transformado en miseria en la cultura. La miseria en la cultura, o mejor, de la cultura, se revela por medio de datos verificables en aquellos que representan el futuro: los jóvenes.
    Mucho se ha hablado de la decepción generalizada en la sociedad que los sociólogos detectan en la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar: una cifra oficial y muy conservadora nos habla de que son en nuestro país 7 millones de jóvenes.
    Estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, 7 millones que habitan en una suerte de limbo existencial.
    Son el amargo fruto de un país sumido en la precariedad, el infraempleo, la corrupción, la violencia y en donde las instituciones de educación superior apenas atienden al 30 por ciento de los jóvenes, y para colmo la educación no tiene sentido, pues no les garantiza acceder a mínimos de bienestar.
    En 2008, cerca de 3 millones 321 mil 762 jóvenes mexicanos de entre 12 y 29 años manifestaron tener al menos una idea suicida. De ellos, 49 mil 987 pasaron de la idea lúgubre al ácido intento. (Los datos son del Instituto Mexicano de la Juventud).
    Estos jóvenes constituyen muchas veces la verdadera bolsa de trabajo del crimen organizado. No lo sé de cierto, pero las noticias cotidianas nos documentan que es muy posible que la mayoría de los 28 mil ejecutados que contabiliza el Gobierno de Felipe Calderón, la abrumadora mayoría no llegaban a los 30 años.
    Ahora recuerdo una encuesta aplicada entre preparatorianos del estado de Chihuahua hace cuatro años: a la pregunta de ¿Qué quieres ser? Más de la mitad respondió que narco.
    La causa es que el crimen organizado cumple funciones sociales y simbólicas que el Estado no ofrece, como dar educación y empleo, es decir las seguridades mínimas que pueden dar cierta certidumbre en el futuro.
    2. En el fondo me parece que estamos frente a una verdadera cultura de la muerte; es decir, frente a una mentalidad y a una práctica, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto, al menosprecio de una escala de valores laicos como la solidaridad, el esfuerzo y el trabajo, así como a la honestidad y la lealtad.
    Hasta donde entiendo, el término cultura" de la muerte fue acuñado por el Papa Juan Pablo II en su encíclica "El Evangelio de la Vida" publicada el 25 de marzo de 1995.
    Y más allá de que uno sea cristiano o no, encuentro coherencia en la definición: "Estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera cultura de muerte"
    Se ha sido complaciente con la muerte y la muerte tardará en abandonarnos. Uno no puede menos de recordar las reticencias y las argucias verbales que han acompañado, en diferentes sectores, los asesinatos de los que hemos sido testigos. No nos asombremos ahora al encontrarnos, un buen día, con la violencia convertida en un ítem más de la vida nacional.
    3. Como lo advirtió recientemente el rector de la UNAM, José Narro Robles, el asunto de los valores, "suena como arar en el mar. En el Siglo 21 parece que hablar de esos temas es algo que no tiene sentido, es algo del Siglo 19 o del romanticismo de algunos cuantos".
    Y aunque no soy partidario de la postura únicamente valoral como fuente de los males contemporáneos, me parece que constituye sin duda una vía de acción indispensable.
    Porque finalmente todos los factores y prácticas en los distintos sectores de la vida personal y social deben contribuir a la construcción de la paz tan ansiada en los días actuales. Los esfuerzos serían incompletos si no incluyésemos la perspectiva de la espiritualidad.
    La espiritualidad, escribe Leonardo Boff, es aquella dimensión en nosotros que responde a las preguntas últimas que acompañan siempre a nuestras búsquedas. ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida?
    Las religiones suelen responder a estas inquietudes, pero ellas no tienen el monopolio de la espiritualidad. Éste es un dato antropológico de base como la voluntad, el poder y la libido.
    En el proceso evolutivo del que venimos, irrumpió un día la conciencia humana. Hay un momento de esta conciencia en que ella se da cuenta de que las cosas no está lanzadas aleatoriamente ni yuxtapuestas, al azar, una al lado de la otra. Ella intuye que un "hilo conductor" pasa a través de ellas, las liga y las religa.
    A este "hilo conductor" los seres humanos le han dado mil nombres, Tao, Shiva, Alá, Yahvé, Olorum y muchos más. Todo se resume en la palabra Dios.
    Neurólogos y neurolingüistas han identificado el "punto Dios" en el cerebro. Es un punto que hace subir la frecuencia hertziana de las neuronas como si hubiesen recibido un impulso. Esto significa que en el proceso evolutivo surgió un órgano interior mediante el cual el ser humano capta la presencia de Dios dentro del universo.
    Espiritualidad no es solamente saber, sino principalmente poder sentir las dimensiones de lo humano radical.
    4. En un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de la paz sin menospreciar esta dimensión espiritual.
    Esta vía conlleva un llamado de solidaridad, justicia, paz, integración, amistad y unión en su concepto. Un llamado que una sociedad cada vez más luciferina ha olvidado o ignora.
    Entonces, quizá entonces, todos seremos padres e hijos, hermanos sin cainismo, buenos vecinos. Como nos recuerda el camarada. Fernando Savater que escribió hace años Peter Handke, llegará el día perfecto. "El día en que el Sol se alce para iluminar a todos por igual y nadie tiemble: el día sin odio, el enemistades y el júbilo de la amistad".

    Comentarios: amaralmartin@hotmail.com