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"Música"

"Caifanes: El ritual de México"

"Saúl Hernández siempre ha hablado de los conciertos como un ritual"
09/11/2015 13:05

    Fernando Alarriba

    GUADALAJARA._ 20:30 horas. Vamos sobre la carretera a Chapala y en la radio anuncian que las puertas de la Arena VFG continúan cerradas. Falta media hora para que inicie el primero de los conciertos que Caifanes ofrecerán en Guadalajara como parte de su gira de reencuentro.
    El embotellamiento tiene tintes de procesión: hay devoción, promesas que cumplir, vidas atadas a una historia que se detuvo hace 17 años y que desde su regreso ha dado de qué hablar: "es la gira del año... un acontecimiento histórico... Saúl Hernández ya no canta... la convivencia entre él y Markovich es falsa... están haciéndolo por dinero... son dioses".
    Saúl Hernández siempre ha hablado de los conciertos como un ritual, y los rituales, ya sea al destruir, evocar o recrear, reinstauran aspectos concretos de la psique y el espíritu que están dormidos, lastimados o confundidos y que son imposibles de aniquilar, y sobre todo, que son necesarios para volver a la armonía, el ritmo vital de las cosas.
    Tras una hora y media de retraso el público se comporta en orden, las mentadas de madre y las rechiflas son, después de 17 años de espera, un gesto de buen humor. Se pagan las luces, una luz morada llena nuestros ojos, un sonido que evoca un cántico casi angelical choca con el rugido de la gente, corren algunas lágrima y tan pronto los Caifanes llegan al escenario los celulares alzan sus cabezas para capturar la historia. "Viento, amárranos, Tiempo, detente muchos años".
    Saúl Hernández, Sabo Romo, Alejandro Markovich, Alfonso André y Diego Herrera están de regreso; Hernández agradece por el coraje, la euforia y la paciencia, "Raza, Caifanes a tus pies". Pero también deja claro que el ritual quiere despertarnos a algo más grande, algo que rebasará las casi dos horas y media de música de la noche: "En la vida podemos tener todo, hasta la muerte... pero jamás Miedo... Todos los que estamos aquí tenemos una misión en la vida, lo importante es descubrirla y después hacerla... este País es nuestro, no de una bola de corruptos... es nuestra educación, nuestra entrega en la vida lo que va a sacarnos adelante".
    Los primeros temas han dejado todo al punto: el público está feliz, y Caifanes tienen una noche muy exigente por delante. La vida no es eterna y Sombras en tiempos perdidos dejan en claro dos cosas: La primera, Saúl Hernández no canta; es una locura competir con miles de gargantas que conjuran el México que los Caifanes crearon, un México de nostalgia y muerte, un rugido, la revisión de un pasado que exige y ruega por una transformación, un espíritu poético que se sabe vivo y lo canta... los Caifanes no están sólo en el escenario, le prestamos la voz a Hernández, lo sostenemos, es un acto de gratitud. Y la segunda, no se trata de un concierto de masas, no es "un manicomio"; aquí impera un respeto que raya en la veneración, el fuego más intenso está en las miradas que hablan memorias, de vidas que están resucitando... miles de vidas renaciendo en una sola voz.
    Los minutos siguen consumiéndonos, las piernas duelen, las gargantas se desgastan y el asombro no disminuye: es indignante que haya zonas de separación, sobre todo cuando la zona "preferente" está cubierta por sillas, ¿sentados con Caifanes? Detrás de la valla de contención los brincos, el baile, los codazos y empujones, el sudor, los vasos de cerveza que vuelan como petardos... no cabe duda, la exclusividad es algo relativo.
    Ha pasado más de una hora. No cabe duda, Caifanes es la banda de rock más importante en la historia de México, no son los discos vendidos, su influencia u originalidad a nivel estrictamente musical; es su presencia, elocuente y poderosa sobre el escenario, que tiene la capacidad de unir a millones de jóvenes y adultos en un momento en que el País es menos que una sombra fracturada. Su música es una realidad vigente y comprobada que ha recorrido y labrado vidas, que se puede identificar como algo propio, se canta con orgullo y se sabe parte de un alma que es coraje, pasión, esperanza y éxtasis.
    Antes de que nos olviden nos hace retroceder, esto tiene que acabar, esto acabará de un momento a otro. Pero con el llamado del guerrero, la invocación de los dioses y la fuerza compartida de un posible juramento silencioso que está naciendo nos mantiene conscientes de que el tiempo es relativo, las memorias se agotan cuando dejan de contarse y es entonces cuando Saúl nos invoca a abrirnos de nueva cuenta, a crecer y expandirnos en un último coro "... somos una célula que explota y esa no la paran".
    Ha llegado el final. Horas antes, mientras descendíamos por las rampas para ir llenando el inmueble, Juan Bravo, oriundo del DF, de 36 años, casado y fanático de la banda desde los 16 años decía: "Las generaciones de los 80 y 90 nos volvemos a ver, retrocedimos en el tiempo, esto es una revolución, con esto vamos para más."
    Las luces se encienden. Los Caifanes dejaron el escenario. Mientras nos vamos, Imagine, la mítica canción de John Lennon, se escucha para dar un último soplo, las veladoras se apagan. Sólo queda esperar para ver si el ritual ha puesto en marcha las cosas. ¿Amanece?