"Provoca carcajadas la obra Hasta que la boda nos separe"
MAZATLÁN._ Jacqueline Bracamontes retrata con tino la crisis femenina de los 30 años, esas mujeres desesperadas a las que les urge casarse sin importar con quién y que cuando salen de casa no olvidan llevar en la cajuela del carro su vestido de novia.
Esto fue en la obra Hasta que la boda nos separe, la cual se presentó en dos funciones en el Teatro Ángela Peralta, teniendo como protagonistas a Jacqueline Bracamontes, Juan Soler y Ana Bertha Espín.
Aunque la puesta en escena mantuvo atento al público, provocando sus carcajadas, los codazos o risas nerviosas de quienes se sintieron identificados abundaron durante las dos horas que duró la obra.
Jessie (Bracamontes) es de esas chicas fresas que se resiste a estar sola, le urge casarse, es el sueño de su vida, a ella sólo le importa vestirse de novia y convertirse en la protagonista de su cuento de princesas, el novio es lo de menos.
Ella es hija del director de una fábrica de una industria de textiles y tiene un romance oculto con uno de sus empleados, Miguel (Juan Soler), quien es el encargado del departamento de botones.
Para Jessie, Miguel es sólo un pasatiempo, pero el día que decide terminarlo él le propone matrimonio, por lo que esto representa su gran oportunidad de casarse y acepta aún sin estar enamorada.
El que su familia lo acepte y los trámites de la boda ponen a Miguel de cabeza. En dos ocasiones rompe con Jessie, pues no está a su altura ni puede darle la gran fiesta que tanto anhela.
Y es que Jessie tampoco quiere hablar de la parte que le sigue a la boda, el matrimonio, mientras ella sueña con salir de su casa con su vestido blanco, Miguel anhela una mujer que lo cuide, le cocine y sea la madre de sus hijos.
La obra es una crítica a determinadas conductas sociales y todo lo que gira en torno a una boda, ya que cuando Jessie le dice que hay que apartar al sacerdote, Miguel se asusta al saber que hay que pagarle a la Iglesia por el enlace.
"Y también hay que pagar por la alfombra, el aire acondicionado, las flores, el coro, el número de hostias", le dice una despreocupada novia a su futuro marido.
"¿Por qué no ponemos una Iglesia y hacemos el negocio de nuestras vidas?", sugiere Miguel a Jessie ante la negativa de ella.
Además, la suegra de Miguel, Romy Grace (Ana Bertha Espín), no lo soporta, hasta alergia le da el hecho de que sea tan pobre, pero cuando Miguel descubre que su verdadero nombre es Romualda Engracia Pérez viene la parte más divertida de la obra.
La mujer que había presumido pertenecer toda su vida a una estirpe social alta admite ante su yerno que fue la secretaria del dueño de una fábrica y que se embarazó de él para "atraparlo" en matrimonio.
"Porque para ganarse un lugar en la 'high society' debes tener hue...", dice Romualda Engracia.
En su papel de mujer de barrio, Espín se robó la obra, su transformación de dama de la alta sociedad a una mujer salida de una vecindad (San Juan de Dios), fue actuada de una manera espléndida que arrancó las carcajadas y los aplausos para la reconocida actriz.
Por su parte, Soler estuvo divertidísimo, en su papel de Miguel también criticó a los hijos que sufren "mamitis" y a las madres que sobreprotegen a sus vástagos, pues cada vez que Miguel sale con una chica su madre le llama a todas horas argumentando alguna enfermedad.
Bracamontes también tuvo una buena actuación. La joven tapatía tiene madera y carisma para la comedia, aunque en algunas ocasiones se vio exagerada en su papel de chica fresa.
Hasta que la boda nos separe es una obra producida por Rubén Lara y dirigida por José Solé, con guión de Mauricio Pichardo.
RECONOCIDO DRAMATURGO
Mauricio Pichardo, autor de "Hasta que la boda nos separe", ha logrado reconocimiento nacional como dramaturgo.
"Cuatro equis"
"Bajo las sábanas"
"Mujeres frente al espejo"
"Por qué los hombres aman a las cabronas"
"Hasta que la boda nos separe"
LA CUIDA SU NOVIO
El productor de "Hasta que la boda nos separe", Fernando Schoenwald, es novio de Jacqueline Bracamontes.