"Se impone el rock en el cine"
MÉXICO (UNIV)._ Bill Haley y sus Cometas encendieron la mecha. El rock se escuchó por primera vez en el cine en 1955: Rock around the clock fue el tema principal de Blackboard jungle, película sobre el conflicto generacional entre un profesor y varios estudiantes pendencieros como Glenn Ford que actuaba en el papel protagónico.
El año del estreno, la canción vendió más de 270 millones de copias en Estados Unidos.
El fenómeno devino en el nacimiento de un subgénero cinematográfico que iniciaría: Rock around the clock (Fred F. Sears, 1956), acerca de un frustrado promotor de bandas musicales que descubría en una fiesta a Bill Haley y a su banda.
Al compás de una propuesta
A cinco décadas de distancia, Elvis Presley, The Beatles, The Rolling Stones, Jerry Lee Lewis, The Who, Led Zeppelin, Pink Floyd, Sex Pistols, U2, Metallica, New York Dolls, Sonic Youth, Bob Dylan y The Doors, Nirvana entre otros, se sumaron al elenco de narrativas fundamentadas en dos idiomas universales: la música rock y la imagen.
La intención inicial era promocionar a la estrella en ciernes, como ocurrió con El Rey del Rock en Love me tender (1956) y El rock de la cárcel (1957). En esa categoría desfilaron estrellas de la talla de Chuck Berry y Little Richard.
Llegaría el tiempo de productos revolucionarios como A hard day's night (1964) de Richard Lester, falso documental sobre Los Beatles, precursor de los videos musicales, u obras conceptuales del calibre de Pink Floyd: The wall (1982) de Alan Parker.
Revolución cultural
Con la revolución cultural de los 60 germinó una generación de cineastas con perspectivas distintas sobre el rock y el celuloide, tanto en documentales como ficción.
En la primera categoría: Don't look back (1965), el primer documental rock, realizado por D.A. Pennebaker sobre la gira británica de Bob Dylan.
El registro de conciertos en vivo de bandas como Led Zeppelin y la documentación de festivales que marcaron a una generación: Monterrey pop (1968) con la debutante Janis Joplin y Jimmi Hendrix; Gimme Shelter (1969) con The Rolling Stones y Woodstock (1969).
En la segunda categoría, se ubican películas de ficción vanguardistas del tipo de El Submarino amarillo (1968) sicodélica animada, sin más, la mejor película de Los Beatles y Quadrophenia (1979) con la música de The Who.
La evolución musical del cine
En los últimos 30 años se distinguen varios tipos de relación entre rock y cine.
El detalle de conciertos en vivo y giras se ha perpetuado con productos vibrantes: U2 Rattle and hum (1988) o En la cama con Madonna (1990).
Las películas biográficas Grandes bolas de fuego (Jim McBride, 1989) sobre Jerry Lee Lewis, The Doors (Oliver Stone, 1991) o Backbeat (Iain Softley, 1993) sobre The Beatles. Aquellas ficciones que emulan los avatares de las agrupaciones musicales como Casi famosos (Cameron Crowe, 2000) alusiva a Led Zeppelin o Rock Star (Stephen Herek, 2001) inspirada en Judas Priest.
Otro apartado merecen los rockeros cineastas: John Lennon con Imagina (1972), Bob Dylan con Renaldo y Clara (1978), Neil Young con Journey through to the past (1974) o David Byrne con True stories (1986).
Las películas sobre grupos inexistentes: Calles de fuego (1984) o Airheads (1994). Filmes en los que la intervención del rock hace vibrar secuencias: The Doors interpretando The End en Apocalipsis ahora (1979).
NACIONALES
De manufactura nacional resaltan las producciones: '¿Cómo ves?' (1985) de Paul Leduc; 'Ciudad de ciegos' (1991), de Alberto Cortés, o 'No tuvo tiempo'. 'La hurbanistoria de Rockdrigo' (2003), de Rafael Montero.