"EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: No hay que perder el ritmo"
Hablaba la semana pasada de qué tan importantes son los ritmos internos y externos, no solo porque somos más complejos, de modo que no solo hay que respetarlos sino formarlos, con los externos no hay más que adaptarse, no se puede hacer nada con el hecho que el día termina y se hace de noche, conque hay temporadas de días largos y cortos, y así nos influye todo lo que suceda afuera, que no es solo adaptarse, sino respetar y sacar provecho.
Somos como una gran antena parabólica que capta las ondas tanto del exterior como del interior. Nuestro comportamiento varía si estamos en una fiesta o en el trabajo.
Y en la misma fiesta depende de la música, nuestra expresión de cara y cuerpo son diferentes, en verano vestimos diferente, las actividades son diferentes, es natural, ni cuenta nos damos a menos que nos cambien el horario, entonces nos sentimos perdidos por un rato y nos molesta a la mayoría, nos saca de nuestro ritmo y no hay forma de hacer que los hijos se acuesten a la hora en que el Sol todavía brilla, porque nuestro ciclo es así, el día termina cuando obscurece.
La pérdida del ritmo genera inseguridad, nos pasa a los adultos, con más razón a los niños, entonces, además de inseguridad, aparece el desequilibrio y el malestar.
Desde que el niño nace comienzan a fijarse ciertas rutinas, como el establecimiento de horarios, hábitos, es decir, prácticas repetitivas.
Él va captando e interiorizando el ritmo diario de estas rutinas, que se va consolidando en ritmo bien definido, se acomoda a ellos y no le gusta cuando algo cambia, si por alguna razón no duerme siesta a la hora de siempre, estará inquieto y llorón, lo mismo pasará con las horas de alimentarse o de bañarse, lo destantean los cambios, no sabe a qué atenerse y qué sigue entonces, no entiende y llora, necesita que sea respetado a lo está acostumbrado.
Ya sabemos que desde el nacimiento hasta los 7 años se establecen las bases para la educación y desarrollo del ser humano y, naturalmente, debe ser bien aprovechada, si los padres están en otra cosa, sus hijos pasarán de un ciclo a otro y ellos ni se enteraron, menos aprovecharon todas esas capacidades.
Si se aprovechan, los años siguientes serán muchísimo más fáciles, es la etapa más intensa, donde la persona se descubre a sí mismo, al mundo y la relación que tiene con ese mundo.
Los ritmos, las rutinas pueden parecer aburridas para los adultos, pero son necesarias si queremos aprovechar nuestro tiempo y capacidades y trabajo, de otra manera damos vueltas picando aquí y allá, sin llegar a mucho, deben ser rutinas flexibles, pero no tanto que se pierdan, y si nos sirven a nosotros, para los hijos, en los primeros años, son indispensables.
Resulta que cuando hay orden en las cosas de afuera, termina siendo ordenado también el cerebro, y un cerebro ordenado naturalmente no tendrá límites y se le facilitara toda la vida. Por eso, el orden es una de las primeras cosas a lograr y enseñar a los hijos.
Y como ya dije, es desde antes de nacer y como se sienten seguros con las rutinas y les gusta ese orden en lo que pasa, también les gusta el orden en las cosas, y como el francés y el inglés al mismo tiempo lo entienden muy bien, es cuestión de que alguien esté pendiente de repetir las acciones, hasta que son hábitos buenos (virtudes) porque los hábitos malos (vicios) no necesitan que nadie esté pendiente, salen cuando descuidamos.
Lo malo es que le pasan a fastidiar la existencia al hijo y a los papás. En cuanto puede moverse por sí mismo puede también recoger sus juguetes y así irá pudiendo hacer más cosas, como va siendo más hábil y autónomo.
Y esa es palabra clave, porque lo que necesitamos, además de hacer personas felices, necesitan lograr ser autónomos, y para serlo necesitan saber que pueden con lo que sea y el orden en sus cabezas facilita todo esto.