Una vida en contacto permanente con Dios sin distracciones, penetrar en ese otro mundo tan cercano y tan distante a la vez.
Encuentro con Dios en el desierto, una experiencia de soledad vivida por el pueblo de Dios, durante su travesía por el desierto, solo arena y cielo, pero estos solos elementos, de austera inmensidad, fueron una invitación y un motivo para contemplar la inmensidad de quien es la inmensidad creadora en un solo punto que se expande hacia e4l infinito.
Anacoretas y ermitaños volvieron en la búsqueda de la soledad en la desértica inmensidad, al encuentro del toralmente otro, El que es y El que está, según lo expresa el tetragrama de la divinidad.
En el año 529 la vida del retiro monacal, una cultura de vivencia religiosa, nacida en el continente asiático, el lugar donde han nacido los grandes credos vigentes de la actualidad, llega a Europa como una forma de consagración del evangelio enseñado y vivido por Jesús.
En 1084 el divino espíritu impulso a San Bruno a vivir una experiencia de la soledad, sin la necesidad de acudir a las desérticas soledades, siguiendo el modelo del retiro conventual llegado Europa en el siglo VI.
En una región de las montañas de Chartreuse, situadas al sur de Francia, en la parte norte de la ciudad de Grenoble, donde tenía su sede episcopal san Hugo, quien le cedió uno terrenos para llevar a cabo lo obra, por lo cual se le considera cofundador, ahí el divino espíritu impulso a san Bruno a materializar su experiencia de desierto sin necesidad de trasladarse al lugar de las distantes y candentes arenas.
El original monasterio sería un lugar para llevar una vida contemplativa, en un ambiente de aislamiento, una estructura de celdas individuales alrededor de un único patio interno, y comunitario, al cual se tendría acceso, con una capilla en un lugar marginal que seria es acceso de contacto con el mundo exterior.
Una vida en contacto permanente con Dios sin distracciones, penetrar en ese otro mundo tan cercano y tan distante a la vez.