La vista de Jerusalén era ya próxima, el esplendoroso templo de los judíos seria la magnífica bienvenida a la gran ciudad y es una invitación al culto al verdadero Dios, pero antes era necesario un descanso por la fatiga del camino. Ahí estaba la familia amiga esperando como siempre.
Una experiencia humana, en diferentes matices, esta presenta en la familia de Betania, convergiendo en el encuentro con Jesús, los tres hermanos abren sus puertas a la persona del maestro amigo, que es aceptado desde una fe vivida en sus diferencias de personalidad.
El dueño del universo, aquel que fue la Palabra eterna del Padre, creador de todas las cosas, al llegar a su creación carece, por voluntad propia, de todo; “Las zorras tiene madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza”: Está abierto a la hospitalidad de sus amigos.
Jesús llegaba a aquella casa, porque la familia así lo quería, el diálogo fluía ante el relato de las experiencias vividas en las controversias del anuncio del reino, Cada uno celebraba, a su manera, la llegada del amigo; el Maestro Jesús.
La acogida hacia el grupo itinerante acompañante de Jesús era ocasión de reconfortante descanso, ante las nuevas tareas por venir. Esta era la familia de Jesús; sus hermanos, sus hermanos y su madre.
Una actitud de servicio y de profunda gratitud encarnaba el espíritu de ambas hermanas, diferentes ente sí, pero identificadas por el entrañable afecto familiar, mientras Lázaro, el hermano, parecía estar ausente, aunque siempre estuviera ahí y el Maestro Jesús así lo hacía percibir.
Antiguas tradiciones originadas en la Edad Media pretenden ubicar a los hermanos de Betania en una presencia posterior a resurrección y ascensión de Jesús, según se deriven de un contexto oriental u occidental.
María, nombre común entre los judíos es identificada, con otros personajes de los evangelios, que parecen coincidir con la hermana de Lázaro, lo más común es identificarla con María Magdalena.
Martha es la imagen de la mujer práctica, según las escenas del evangelio en donde ella aparece; su confianza hacia Jesús la lleva a hacerle reclamos y este la orienta, conduciéndola a descubrir el sentido de su fe.
Lázaro, en su actuación después de la resurrección, según la tradición oriental, es ubicado en Chipre, lugar al cual huyo cuando los judíos contrarios a Jesús trataron de quitarle la vida para evitar su predicación sobre la resurrección. Otra tradición de origen occidental lo ubica como obispo de Marsella, después de su huida de Israel.
La entrada de Jesús al hogar de la familia de Betania, es contemplada como una figura de la iglesia, comunidad de creyentes en la diversidad de temperamentos y carisma, pero bajo el signo del amor, ahí donde María encontró la mejor parte.