Ahora se habla de la liberación de Cuba. Nos ilusiona abrazar esa posibilidad. Para que esta nación sea verdaderamente libre, requiere de empresarios cubanos comprometidos con el desarrollo económico del país.
Para rescatar a Cuba de la postración económica hay que emprender dos grandes desafíos: cambiar completamente el marco jurídico de la isla y sanar el alma económica de su población, erradicando la mentalidad de escasez implantada por el régimen comunista.
El primero de estos retos es grande y complejo. Ya se está trabajando en ello. Hoy quiero escribir sobre el segundo.
Cuando un pueblo ha sido educado para depender de las migajas del Estado, el primer impulso ante la libertad se orientará hacia el autoempleo de subsistencia (el micronegocio que vende para comer hoy). Eso no será suficiente para una Cuba próspera. Es necesario desarrollar empresas capaces de crear riqueza sostenible.
No hay hoy empresarios en el país con capacidad de crear valor. Al no haber propiedad privada, no se ha desarrollado el espíritu de Dueñez.
Para transmitir este espíritu en una Cuba habituada a la precariedad, propongo un enfoque realista basado en ejes de transformación efectivos:
El Despertar del Rol de Dueño (Romper el chip del operario). El cubano actual sabe “resolver” y “operar” en la escasez, pero no sabe emprender y gobernar en la abundancia. Han de aprender que un empresario no es solo trabajar duro, sino diseñar y construir el futuro.
De la supervivencia a la creación de valor. El espíritu de abundancia nace cuando el ciudadano entiende que el valor no se divide, se crea. Se gana cuando se ofrece una propuesta superior, no se quita nada a nadie, se expande la riqueza de la comunidad.
Modelos propietarios de transición. No hay capital privado en la isla. Se puede promover que los primeros grandes negocios sean binacionales. Empresarios latinoamericanos o de la diáspora cubana pueden aportar inversión y gobierno corporativo; el emprendedor local aporta el saber hacer y el conocimiento del terreno. El cubano aprende a ser dueño de su socio en consejos de administración reales.
Simuladores de Consejo. Antes de abrir las empresas, se pueden crear laboratorios de negocios donde los futuros empresarios practiquen la toma de decisiones estratégicas (reinversión de utilidades, alianzas, manejo de deuda) y operativas (compras, ventas).
Pasar del monopolio de la escasez a la magia de la creación de riqueza. El comunismo enseña que la riqueza es un juego de suma cero (si tú tienes, es porque a mí me falta). La Dueñez enseña lo contrario: la riqueza se multiplica a través de la relevancia y la eficiencia.
Educación Financiera Patrimonial. Es imperativo que aprendan contabilidad y estrategia financiera. El nuevo empresario cubano debe aprender a medir, entre otras cosas, el margen de contribución, el retorno sobre la inversión, el capital contable y de trabajo y el valor económico agregado.
El poder de la reinversión: El habitante de un régimen totalitario gasta lo que gana de inmediato por miedo a que se lo quiten. Hay que educarlos en la seguridad jurídica para que descubran el placer de no tocar las utilidades hoy para hacer crecer el negocio. Eso es mentalidad de abundancia.
Cámaras de empresarios. Crear asociaciones que no sean simples clubes de comercio, sino centros de formación y networking donde se dialogue sobre cómo defender el patrimonio, hacer alianzas y conquistar mercados internacionales.
La riqueza de la Cuba pre-castrista no fue regalada; la generó la visión y el empuje de sus grandes creadores de mercado. Esa genética empresarial no debe haber muerto del todo, algo de ella está dormida.
Para despertarla, no les demos manuales de administración; devolvámosles el derecho a soñar en grande, la certeza jurídica de que su esfuerzo les pertenecerá a sus hijos, y las herramientas de Dueñez para que dejen de ser esclavos del autoempleo y se conviertan en gobernantes de su propio destino.
–
* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.