Sócrates, el gran pensador griego, maestro de filósofos como Platón, Xenofonte y muchos más, destacó como el gran revolucionario del pensamiento occidental al mudar el enfoque de la filosofía desde la naturaleza hacia el ser humano. No escribió ningún libro, pero nos dejó un legado de principios que trasciende hasta nuestros días.
Una de sus aportaciones más importantes fue la mayéutica, ese arte de extraer conocimiento a través de preguntas. Hoy quiero resaltar la importancia de dominar este método en el ejercicio efectivo del rol de dueño.
La Dueñez Empresaria no se gestiona mandando, sino gobernando. Gobernar implica elevar la perspectiva de la organización, anticipar el futuro y asegurar la trascendencia del patrimonio. En este nivel de liderazgo, las respuestas dictatoriales destruyen valor, lo que verdaderamente transforma y hace madurar a una empresa es saber hacer las preguntas correctas.
Aquí es donde el método socrático, que es el arte de dar a luz a la verdad a través del diálogo, se convierte en la herramienta de liderazgo más potente para el dueño. Aplicar la mayéutica no es interrogar para detectar el error, sino guiar con preguntas estratégicas para que el interlocutor descubra, por sí mismo, otro ángulo de cómo crear valor en el negocio.
Analicemos cómo aplicar este arte en tres ámbitos críticos de la Dueñez.
En la formación de sucesores, busquemos formar criterio, no clonar respuestas. El error más común en la sucesión familiar o institucional es intentar que el sucesor actúe exactamente como el fundador. Esto castra su capacidad de liderazgo. La Dueñez no se hereda como un manual de instrucciones, sino como la capacidad de juzgar ante situaciones complejas.
La mayéutica transforma la mentoría de los futuros líderes. En lugar de decirles qué hacer ante un problema operativo, el líder actual debe saber preguntar sobre alternativas y riesgos estratégicos, visión de futuro, implicaciones de cada decisión, cuestionamientos sobre la relevancia.
Al inducir al sucesor a responder estas interrogantes, se le extrae de la comodidad del rol de operador o administrador y se le lleva a pensar como dueño. El objetivo no es darle la solución, sino parir en él o ella el criterio empresarial.
En el Consejo de Administración, provocar el diálogo estratégico. Un consejo donde todos asienten con la cabeza es costoso e inútil. El rol del presidente del consejo, desde la perspectiva de la Dueñez, es el de un partero de ideas creativas. Los consejeros independientes y patrimoniales están ahí para desafiar los sesgos del equipo directivo.
Para aplicar la mayéutica en la sala de consejo, se debe sustituir la validación pasiva de reportes por preguntas de alta densidad estratégica sobre modelos de negocio, supuestos vigentes, escenarios competitivos, caminos de generación, multiplicación y captura de valor, entre otros temas.
Estas preguntas rompen la autocomplacencia. La deliberación socrática permite que la estrategia de la empresa no dependa del estómago de un solo hombre, sino del rigor intelectual del órgano de gobierno.
En el rol de Líder de Dueñez, gobernar desde el sabio silencio. Este quehacer se diferencia del management en que su foco es la creación de valor a largo plazo, no la eficiencia operativa. Para liderar desde la Dueñez, el empresario debe aprender a callar sus certezas inmediatas para escuchar las implicaciones consecuentes.
Cuando el director general o el equipo ejecutivo acuden al dueño buscando aprobación, la mejor respuesta no es un “sí”vo un “no”. Debe ser una pregunta que eleve la mirada, promueva la coherencia y guíe la proyección a futuro. Este método cuestionador fomenta el descubrimiento de soluciones novedosas y efectivas para asegurar la trascendencia de la empresa.
Gobernar a través de la mayéutica exige humildad y paciencia. Significa entender que el verdadero poder del dueño radica en formular los cuestionamientos que nadie más en la organización hace. Quien plantea las preguntas correctas, define el rumbo y trasciende.
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* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois