Óscar Fosados Arellano
Los beneficios de dar 'el extra' en el trabajo
"Rodolfo trabajaba en una empresa hace dos años. Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que en ese tiempo nunca recibió una amonestación.
"Cierto día buscó al gerente para hacerle un reclamo: -Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido postergado.
"Mire, Juan ingresó a un puesto igual al mío hace sólo seis meses y ya fue ascendido a Supervisor.
"El gerente mostrando preocupación le dice: -mientras resolvemos esto, quisiera pedirte me ayudes a resolver un problema.
"Quiero dar fruta al personal para el postre del almuerzo de hoy. En la bodega de la esquina venden fruta, por favor, averigua si tienen naranjas.
"Rodolfo se esmeró en cumplir con el encargo y en 5 minutos estaba de vuelta.
"-Bien Rodolfo, ¿qué averiguaste?
"-Señor, tienen naranjas para la venta.
"-¿Y cuánto cuestan?
"-¡Ah!, no pregunté por eso.
"-Está bien, pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
"-Tampoco pregunté por eso señor.
"-¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
"-No sé señor, pero creo...
"-Bueno, siéntate un momento.
"El Gerente cogió el teléfono y mandó llamar a Juan. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le dio a Rodolfo y en 10 minutos estaba de vuelta. Cuando retornó el Gerente pregunta:
"-¿Bien Juan, qué noticias me tienes?
"-Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, y si prefiere también tienen plátano, papaya, melón y mango. La naranja está a 1.50 pesos el kilo, el plátano a 2.20 el racimo, el mango a 0.90 el kilo, la papaya y el melón a 2.80 pesos el kilo.
"Me dicen que si la compra es por cantidad, nos darán un descuento de 8 por ciento. He dejado separada la naranja, pero sí usted elige otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
"-Muchas gracias Juan, pero espera un momento.
"Se dirige a Rodolfo, que aún seguía esperando estupefacto y le dice:
"-Rodolfo, ¿qué me decías?
"-Nada señor, eso es todo, con su permiso".
Esta historia, la cual he recibido en numerosas ocasiones como un reenvío en mi correo electrónico y que ya en una ocasión recuerdo haberla incluido en alguna reflexión, nos ilustra sobre algo que debemos tomar muy en cuenta en el trabajo en cuanto al nivel de desempeño que aplicamos a nuestras labores, en este caso en particular, para merecer ascensos o incrementos de sueldo.
¿Cuántos trabajadores, de cualquier nivel, muestran inconformidad porque no son tomados en cuenta para un ascenso, y se parecen a Rodolfo? La respuesta es: muchos.
Es un hecho que para tomar la decisión de quién merece ser seleccionado para un ascenso, se toman en cuenta varias cosas como la trayectoria, experiencia y conocimientos, pero también las capacidades, el entusiasmo, la entrega, la disposición y la potencialidad para rendir lo que se conoce como "el extra".
En la historia, seguramente Rodolfo era un trabajador común que cumplía bien únicamente lo que se le pedía, pero no demostraba mayor interés, por ir más allá de sus obligaciones, lo que lo mantenía en la lista de los trabajadores buenos, a secas, pero eso no es suficiente para lograr ascensos en los puestos de jefatura.
Este tipo de trabajadores abunda en las empresas, impidiendo no únicamente su propio crecimiento y desarrollo, sino el de la empresa, también.
Muchos de ellos de manera inconsciente limitan sus posibilidades de ascenso al no querer trabajar más allá de lo que su contrato estipula, o ni un minuto más de lo que su horario marca.
Son personas que están muy al pendiente de que no se les exija nada más, que nos les den más trabajo, que no les pidan quedarse más tiempo después de la hora de salida; perdiendo el tiempo en ese pendiente en lugar de ver cómo hacer mejor el trabajo, cómo rendir más por su propio bien, y no únicamente por el bien de la empresa, a la que ven como algo maldito, como un mal necesario, porque ven al trabajo como algo inevitable porque no hay de otra para tener ingresos económicos.
Son personas que en lugar de disfrutar lo que hacen, se la pasan agriándose las horas pensando que todo lo que les piden los jefes es en su contra y que no tienen ninguna consideración con ellos, cuando la realidad es que están ahí para desempeñar un trabajo, que se supone saben hacer puesto que así lo manifestaron cuando se les contrató.
¿Por qué mostrar un entusiasmo superlativo y manifestar interés en trabajar, hasta de más, cuando se está en la entrevista de selección de personal, y ya cuando se ha integrado a la empresa manifiesta inconformidades, antipatías y descontentos?
Éste en un fenómeno que lamentablemente se presenta en todas las empresas, en mayor o menor grado.
Resulta triste, que algunos trabajadores inconformes consigo mismo, trasladen esa inconformidad hacia su trabajo en la empresa que les abrió sus puertas y su confianza para laborar en ella.
¿Hasta dónde, es el mismo trabajador el causante de su desmotivación? Yo considero que en mucho, aunque no debemos descartar que existen empresas que sí abusan de los trabajadores al no tratarlos dignamente, no pagarles lo justo y no compartir su éxito económico con ellos.
Otra respuesta, es que tanto empresa como trabajador son responsables, porque hay empresas que en su inmadurez o falta de interés por organizarse mejor o de tener mejores jefes, provocan que los trabajadores tengan resentimientos y perciban cosas negativas dentro de la empresa.
Ciertamente es muy difícil mantener un equilibrio perfecto entre las partes, es decir, entre jefes y colaboradores, principalmente debido a los caracteres y personalidades de cada uno, pero en base a una contratación lo más homogénea posible es posible que todos los que conformen la familia empresarial compartan actitudes, valores, ideales y objetivos similares, y sus personalidades sean lo más compatibles posible.
Una empresa bien organizada y constituida en todos sentidos debe tener normas, procedimientos, metas y objetivos bien claros, de manera que no haya ninguna excusa para que jefes ni trabajadores tengan pretextos o justificaciones para no hacer bien las cosas.
Las empresas de éxito estimulan a sus trabajadores a dar "el extra" al tenerlos bien capacitados, tratándolos dignamente, pagándoles lo justo, teniéndolos en un excelente ambiente laboral, en un perfecto orden donde los métodos y sistemas de trabajo permiten que todo trabajador desempeñe sus labores sin problemas en tiempo y forma.
Los trabajadores que se sienten sobreexplotados, que se abusa de ellos, o que tienen exceso de carga de trabajo, y se quejan de no recibir a cambio alguna compensación, son los que presentan signos de desmotivación y desgano al trabajar, aun en las actividades por las que se les contrató.
Los trabajadores que no dan "el extra" y que sólo hacen la chamba que ellos consideran es lo que equivale a su sueldo, y que por ello, también, no se quedan ni un minuto después de su hora de salida, no admiten más trabajo ni quieren colaborar cuando se les pide ayuda, y además se quejan por todo fomentando discordias y un ambiente laboral tenso, pero, que sin embargo son buenos en lo que hacen, son personas que nunca serán tomadas en cuenta para ascensos ni otras promociones dentro de la empresa.
Estas personas, simplemente se quedarán por años en el mismo puesto o nivel jerárquico, experimentando frustraciones y enojos cada vez que otros los van brincando, haciendo de ellas personas amargadas, frustradas, conflictivas y negativas.
A la empresa le conviene no tener trabajadores así, por ello es muy importante que todo trabajador crezca dentro de la misma empresa, y de no ser así, fomentar el desarrollo de ideas para mejorar el mismo puesto de trabajo para hacerse merecedor a incentivos o compensaciones cuando no es posible ascender porque no hay vacantes.
Lo substancial, es formar y desarrollar trabajadores que deseen dar "el extra" de buena gana y que realmente se sientan contentos y satisfechos en su puesto de trabajo, para que no tengan pensamientos negativos de la empresa, por ningún motivo.
Dar el extra no debe ser tarea difícil cuando la persona está entrenada, capacitada y formada para hacerlo sin ningún desgano, tal y como lo hizo Juan en la historia de las naranjas.
A él se le solicitó averiguar en la frutería si había naranjas, al cumplir con el encargo no sólo se aseguró si había naranjas, además preguntó precios, descuentos y otras opciones; es decir, hizo más de lo que se le pidió por propia iniciativa.
Rodolfo, el trabajador quejoso sólo demostró ser incompetente y quedándole bien clara la razón por la cual no había sido tomado en cuenta para un ascenso, simplemente se retiró.
Cuando se da "el extra" se hace con gusto, con ganas y por convicción no por conveniencia o por quedar bien. Se hace como parte de su pensamiento inteligente sin que ello afecte en lo absoluto el proceso natural y normal de su trabajo.
De alguna manera es adelantarse a las acciones que serán necesarias para concluir o complementar una tarea, o para enriquecer una labor o un servicio.
Dar "el extra" no sirve únicamente para recibir ascensos o aumento de sueldo, sino para ser más efectivos y productivos en el trabajo, al hacerlo en menos tiempo y sin tantas vueltas, lo que nos permitirá cansarnos y estresarnos menos.
Dar "el extra" no debe verse como una carga ni como nada que desmejore el estado de ánimo de la persona, es sólo una actitud que poseen los trabajadores altamente competentes; estos son los trabajadores que deben tener todas las empresas.
Para que un trabajador sea competente, efectivo y sin problemas siempre debe dar un poco más de lo que se espera de él, o sea "el extra", y seguramente también será un trabajador exitoso y feliz.
Consultor e Instructor Empresarial
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