¿Sabemos por qué Tomás Moro es considerado el patrono de gobernantes, políticos y abogados?
El concepto de Dueñez, definido originalmente en la gestión empresarial como el ejercicio del liderazgo de gobierno en la cima de una organización, cobra una relevancia única al trasladarse al ámbito político.
Gobernar con “sentido de Dueñez” implica asumir la conducción del Estado no como un administrador temporal de recursos ajenos, sino con la responsabilidad y el compromiso de largo plazo de quien cuida un legado colectivo.
Al entrelazar esta visión directiva con las lecciones imperecederas de la vida de Tomás Moro, es posible estructurar un modelo de liderazgo público ético, sólido y transformador. Veamos cuáles son los aprendizajes que podemos extraer de la vida de este prohombre de la Inglaterra del Siglo 16:
La firmeza de conciencia como brújula de gobierno. La Dueñez en la política exige que el líder actúe desde una posición de alta dirección moral, resistiendo las presiones coyunturales del poder.
De igual manera que Tomás Moro prefirió la muerte antes que capitular ante las exigencias de Enrique VIII, un político guiado por la Dueñez debe mantener una inquebrantable solidez en sus principios.
Un gobierno de excelencia requiere que el líder político actúe con independencia, protegiendo a las instituciones frente del oportunismo electoralista o de los intereses particulares.
Desempeño ético frente a la gestión burocrática. Mientras la administración normalmente suele centrarse en procesos técnicos, la Dueñez se enfoca en los propósitos más trascendentes. El liderazgo de Moro definió la actividad pública como un servicio moral indisoluble de la ética.
Aplicado a la gobernanza actual, esto significa que el líder con Dueñez no se limita a lidiar con el aparato gubernamental, sino que multiplica la integridad a través del ejemplo. La ética deja de ser un reglamento estático y se convierte en el principio activo de cada política pública implementada.
Justicia social: La visión de un legado equitativo. El verdadero gobernante que ejerce la Dueñez entiende que el éxito del Estado se mide por el bienestar colectivo a largo plazo, no por indicadores aislados.
Inspirándonos en la crítica de Moro hacia las desigualdades sociales, un liderazgo comprometido con el pueblo asume que las brechas en la sociedad erosionan la estabilidad del país.
Este enfoque impulsa reformas enfocadas en la equidad económica y en la creación de oportunidades sostenibles, concibiendo la justicia social como el activo más valioso de la nación.
Diálogo y tolerancia en la construcción colectiva. En la gestión pública y en los complejos sistemas de gobierno contemporáneos, el gobernante no actúa solo. La Dueñez en política rechaza el autoritarismo e integra el valor del diálogo y la tolerancia ideológica planteados por Moro.
Este liderazgo entiende la necesidad de fomentar un poder incluyente y participativo capaz de escuchar y cohesionar a actores diversos (mercado, sociedad civil y gobierno) para articular consensos duraderos y estables.
El liderazgo político ejercido bajo la lente de la Dueñez y el pensamiento humanista de Tomás Moro redefine el papel del gobernante. Al combinar la visión estratégica y de permanencia de la Dueñez con el compromiso social de Moro, la política se eleva: evoluciona de la simple gestión de la administración de lo público hacia un verdadero ejercicio de estadistas éticos comprometidos con la equidad, la concordia y el futuro de su sociedad.
Nuestros gobiernos actuales muestran signos claros de putrefacción. Han distorsionado su razón de ser y han perdido por completo el sentido de Dueñez que debería regir su conducta. Abusan de su poder y cada vez destruyen más nuestras posibilidades de crear riqueza.
Doblegarnos ante estos líderes corruptos nos hace cómplices de esta destrucción. Invito a mis lectores a profundizar en las enseñanzas de Tomás Moro leyendo su biografía y sus escritos y viendo la película “Un Hombre para la Eternidad” que ganó seis óscares en su tiempo.
–
* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois