Un día me desperté con una enfermedad crónica

    Vivir y trabajar con un padecimiento de por vida es más común de lo que se cree. En Estados Unidos, el país capitalista por excelencia, se calcula que seis de cada diez adultos tienen una enfermedad crónica.

    Un amigo cercano que es fanático de las charlas TED me recomendó un podcast llamado llamado “Sincerely, X”. El podcast es similar a las charlas en video que uno puede encontrar en YouTube, con una diferencia muy importante: las personas que aparecen en el podcast lo hacen de manera anónima.

    Mi amigo me contó la historia de un empresario que un día llegó muy cansado a su casa, después de un día difícil en el trabajo (como acostumbraba, pues su rutina era muy exigente) se acostó a dormir en el sillón... y despertó de su siesta tres días después. Asustado, fue a ver al médico y, después de hacer las indagaciones pertinentes, el diagnóstico fue que tenía depresión.

    A raíz de eso, el empresario anónimo arrancó un startup dedicado a tratar la depresión. ¿Por qué razón habló de esto sin revelar su identidad? Porque no quería sufrir los efectos de los prejuicios que existen sobre la depresión: si sus socios comerciales o sus inversionistas se enteraran de su condición de salud, desconfiarían de su capacidad para liderar su propia empresa.

    Entiendo de primera mano lo que este hombre tuvo que pasar, pues yo también vivo con una enfermedad crónica: se llama miastenia gravis, una enfermedad autoinmune que se caracteriza por “una debilidad fluctuante de los músculos voluntarios del cuerpo”. En mi caso, la miastenia atacó mi garganta, así que por un largo tiempo perdí la deglución y la voz “disartria”. Tuve que renunciar a impartir mis amadas conferencias: intercambié las llamadas telefónicas por mensajes de whatsapp, y bueno... ustedes podrán imaginarse la gran dificultad que implica ser un consultor de empresas familiares que no puede utilizar su voz para comunicarse con sus colegas y clientes. Así como al empresario anónimo, la miastenia apareció en mi vida súbitamente, sin avisar, y le dio un giro de 180 grados a mi vida.

    Otra cuestión que me costó aceptar fue guardar reposo, algo más que necesario, totalmente imperativo para combatir esta enfermedad. Incluso acostado en la cama del hospital me costaba trabajo no ponerme a revisar mensajes o correos electrónicos. Mi trabajo es una parte tan importante de mi vida que eventualmente se volvió parte de mi identidad; es la persona que soy ocho, diez o doce horas al día; cuando no tengo eso, ¿quién soy?

    Vivir y trabajar con un padecimiento de por vida es más común de lo que se cree. En Estados Unidos, el país capitalista por excelencia, se calcula que seis de cada diez adultos tienen una enfermedad crónica. Además, según la revista Entrepreneur, el 20 por ciento de la fuerza laboral en ese país, vive con algún tipo de discapacidad. En México, como sabemos tenemos un gran problema de obesidad que también afecta la calidad de vida de todo trabajador: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) nos dice que la diabetes es la primer causa de muerte en sus centros de salud, así como la primera causa de invalidez, “puesto que hay 2 mil 079 trabajadores pensionados por no tener control de su diabetes”.

    También hay figuras muy destacadas en el mundo empresarial que han tenido que batallar con su salud por muchos años. Conozco dos casos de alto perfil. Uno de ellos es Larry Page, cofundador de Google, que fue diagnosticado con algo similar a mi padecimiento de disartria, parálisis de las cuerdas bucales, ¡hace unos 20 años! El segundo es el mismísimo Carlos Slim, quien ha batallado con problemas cardíacos desde los noventa y que incluso fue operado a corazón abierto en 1997 prácticamente a escondidas para no causar un caos en la Bolsa de Valores.

    Según el biógrafo de Slim, José Martínez, a partir de ese momento Slim replanteó su vida, redujo sus jornadas maratónicas y comenzó a delegar responsabilidades.

    ¿Qué aprende uno cuando se enfrenta a una enfermedad crónica? Aún no tengo todas las respuestas, porque sigo viviendo ese proceso y aún tengo mucho por aprender. Pero sí hay algunas lecciones que me gustaría compartir:

    Ahora escucho más a mi cuerpo: Ya no puedo darme el lujo de descuidar mi salud, y aprendí tarde que nunca debí hacerlo. Si descuidas tu salud de manera constante para obtener una recompensa en el corto plazo, lo único que estás haciendo es crear mayores problemas a largo plazo.

    Ya no me preocupa tanto ser perfeccionista: para hacer tu trabajo perfectamente necesitas recursos perfectos y esos solo existen en un mundo perfecto. Uno hace lo mejor que puede con lo que tiene y eso es suficiente.

    Delegar es saludable, justo y necesario: No hay mucho que decir aquí más que esto: si Carlos Slim delega, ¿por qué yo no?

    El tiempo es mi mayor recurso, y no es renovable. La agenda de Warren Buffet siempre agendado tiempo libre. El tiempo es, según este inversionista legendario, el mejor recurso. Tanto así que Buffet le enseñó a Bill Gates a no ser tan adicto al trabajo. Y, de nuevo, si Buffet puede tomarse un descanso, ¿por qué yo no?

    Está bien hablar de mi estado de salud: Cuando estás en una posición donde otras personas dependen de ti, es saludable compartir tu estado de salud. Como dice el dicho, “ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre”, solo lo necesario para evitar chismes y preocupaciones innecesarias. Vivir con una enfermedad crónica tiene sus retos, pero tampoco es un impedimento para trabajar ni para liderar. Compartir esta información en su justa medida da un sentimiento de estabilidad, lo que se traduce en confianza, para que todo tu equipo pueda trabajar tranquilamente.

    Cuando trabajamos mucho, la salud es algo que hipotecamos todos los días, porque la damos por sentado. Desafortunadamente, nada ilustra la importancia de la salud de manera tan efectiva como el momento en que la pierdes. Creo que un profesionista o empresario tiene dos grandes activos; creo que podemos perderlo todo, excepto nuestra dignidad y nuestra salud. No hay nada más valioso. Pero también creo que no es el fin del mundo, y que casi cualquier persona con una enfermedad crónica puede seguir siendo productiva y valioso, y eso es algo de lo que debemos hablar más y mejor para ser más amables, más incluyentes y felices.

    Finalmente quiero agradecer a personas muy importantes en mi vida que me han ayudado a convivir con mi enfermedad y quienes me han ayudado a hacerla mas amigable y ligera para seguir creciendo con ella y es el Dr. Gabriel Ascanio un neurólogo de mi tierra quien me sacó de la crisis y me ha llevado mi tratamiento a mis clientes que han aceptado mis limitaciones para poder comunicarme mejor, a mi esposa mi fiel e incondicional compañera, a mis hijas y nietos y a Dios.

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