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Columna

Diálogo, más diálogo

LETRAS DE MAQUÍO

    La semana pasada la dediqué a dar tres charlas sobre la situación económica del país a grupos estudiantiles. Primero asistí a la Universidad de las Américas en Puebla, donde más de 500 estudiantes y algunos maestros hicieron interesantísimas preguntas. Al día siguiente, en el Tecnológico de Monterrey, me tocó hablar sobre el mismo tema ante 350 alumnos de Ingeniería Química. Finalmente, mi hija Tatiana me llevó a platicar con un grupo de una preparatoria particular en la misma ciudad de Monterrey.

    De estas tres experiencias se pueden sacar varias conclusiones.

    a) Los jóvenes universitarios tienen una enorme avidez de conocer lo que está pasando. Qué duda cabe de que la demagogia y la mala información ha llegado a ellos.

    b) Por las preguntas que se me plantearon, noto que hoy más que nunca la incertidumbre sobre su futuro es grande. Que el estudiante a punto de abandonar las aulas ha sumado a este temor el de qué país será el de mañana.

    c) Existe un deseo en el sector estudiantil de que se castigue a los culpables de esta situación. Creen, y no están equivocados, que a base de engaños y corrupción en todas sus formas algunos se han aprovechado en detrimento de los mexicanos trabajadores que están tratando de aportar algo para superar la difícil situación que nos dejaron.

    A estas tres grandes interrogantes que sistemáticamente me fueron planteadas contesté lo siguiente: primero, que el alza de los precios no es la causa de la inflación, sino el efecto de haber gastado más de lo que producíamos como nación; que la borrachera del petróleo tendrá una cruda difícil pero necesaria; y que la inflación no es que los precios suban, sino que el valor de nuestra moneda baje.

    Diocleciano fue un emperador romano que para sostener la enorme burocracia que requería administrar al imperio empezó a gastar mucho más de lo que recaudaba en impuestos. Como en aquel tiempo las monedas eran de oro y plata, las redujo a la mitad de su tamaño para acuñar más con el mismo material. El truco no se lo tragaron los romanos, y lo que antes valía una moneda después se reduciría a la mitad: valía dos, y así sucesivamente.

    Solamente en el año de 1982 nuestro país aumentó el circulante monetario más de lo que este había crecido desde la fundación de la casa de moneda en 1537 hasta el inicio del año de marras, lo que provocó una enorme inflación y todas las devaluaciones que hemos padecido. La crisis, les decía yo a los estudiantes, significa que las empresas van a ganar menos y muchas de ellas perderán (es decir, los empresarios y los accionistas trabajarán sin ganar su salario, que son las utilidades); los obreros verán reducido su poder de compra ya que los aumentos salariales que deberían dárseles para restituir el deterioro por la inflación no podrán otorgárselos ni las empresas que están quebradas, ni el gobierno, que tiene enormes deudas.

    Finalmente, los precios subirán para que la planta productiva pueda pagar sus deudas contraídas en dólares. Resumiendo: todos los mexicanos tendremos que bajar nuestro estándar de vida y volver a la realidad.

    En cuanto a la incertidumbre sobre su futuro, les decía a los jóvenes que desgraciadamente el paternalismo en la familia, en la escuela y en el gobierno está formando mexicanos dependientes de otros -los padres, los maestros y papá gobierno. Además, esta dependencia nos está llevando a la pérdida de libertades. Es muy cómodo dejar que otros decidan por uno y no tener responsabilidades. Es el arma que usan los padres para domesticar, no educar, a sus hijos. Es lo que hacen los gobiernos para perpetuarse en el poder, decidir y dar limosnas a todos para mantener el control.

    Lo que debemos comprender es que sólo una sociedad libre puede ser responsable y viceversa, que el objetivo de la educación es formar personas independientes que se basten a sí mismas, que los gobiernos deberían tener como meta no construir y hacer cosas, sino ayudar a formar un pueblo libre y responsable que sea capaz de formar su propio destino, siendo sujeto activo y no objeto pasivo de la historia. El reto para la juventud es precisamente participar más, exigir y dar mucho más, ser responsable porque sólo así podrán aspirar a un México libre.

    En cuanto al último punto que se me planteó -castigar a los culpables que nos llevaron a esta situación-, mi respuesta fue que -estando de acuerdo en que deberían castigarse para ayudar a restituir la confianza, que tendrá que ser el mejor lubricante de nuestra economía- no pienso que esto sea lo más importante. Aunque, no soy de los que piensan que el borrón y cuenta nueva es el mejor remedio, sobre todo cuando el borrón pudiera significar muchos millones de dólares en el extranjero de funcionarios corruptos, creo que se le está haciendo más daño al país con la campaña de desprestigio en contra de los dirigentes empresariales, y que, conste, no creo que el objeto de desprestigiarnos se esté logrando, porque afortunadamente mucha gente nos conoce y sobre todo hay pocos que creen en la demagogia de los pistoleros seudointelectuales.

    Esta campaña crea más desconcierto y desconfianza de la existente. El hombre de la calle, el que trabaja y pone su ingenio para crear y construir, el que quisiera ver un México mejor, se está deteniendo ante estos ataques y preguntando: ¿Qué es lo que pretenden? ¿No desean disidencia alguna? ¿Nos quieren llevar por el mismo camino en que nos llevó la decena trágica?

    Sinceramente pienso que lo que se pretende hacer para enderezar el rumbo del país es lo correcto, pero pienso que hay inexperiencia política en el quehacer diario que aumenta las tensiones.

    Lo que requerimos es más diálogo, pero con deseos de escuchar al de enfrente e influirlo, dejándose influir.

    Miércoles 23 de febrero de 1983.

    Lo que debemos comprender es que sólo una sociedad libre puede ser responsable y viceversa, que el objetivo de la educación es formar personas independientes que se basten a sí mismas, que los gobiernos deberían tener como meta no construir y hacer cosas, sino ayudar a formar un pueblo libre y responsable que sea capaz de formar su propio destino, siendo sujeto activo y no objeto pasivo de la historia.
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