¿Estados Unidos está afectando la política interna de México? Sin duda alguna. ¿Esta intervención es resultado de un plan de la “ultraderecha norteamericana” (como dice la Presidenta Sheinbaum) o parte de una política de Estado? Sin duda que es parte de una política de Estado.
Y esto es más grave porque no quiere decir que sea una decisión coyuntural u ocasional, sino de política de larga data, estructural, adoptada por uno u otro gobierno, republicano o demócrata: es decir, que valga la reiteración: son políticas de Estado.
En Estados Unidos hay algo que ellos llaman “Estado Profundo”, que serían aquellas burocracias y líneas de trabajo de largo aliento que trascienden gobiernos y tiempos coyunturales. En la Secretaría de Defensa y el Pentágono, en el Departamento de Estado (política exterior), en dependencias de Inteligencia, como la CIA y el Homeland Security, en departamentos como la DEA, FBI y ICE, para señalar algunos casos estratégicos, hay miles de hombres y mujeres, con largas carreras, muy especializados y profundos intereses burocráticos, que son como la memoria viva y la fuerza operativa de las gigantescas y poderosos estructuras del Estado.
Ellos alimentan con información y acciones las decisiones de los jefes del Estado, independientemente de que lo encabece un presidente republicano o demócrata. Ciertamente hay algunas diferencias ideológicas y políticas entre republicanos y demócratas, pero en las áreas de seguridad nacional, migración, anticrimen y militar, hay muchas más coincidencias que diferencias.
Es por eso que, en políticas migratorias, por ejemplo, Obama y Biden, demócratas, detuvieron más migrantes que Trump en su primera gestión y en lo que va de la segunda. O en políticas antidrogas, Biden, utilizando, muy probablemente al FBI o a la CIA, o ambas, secuestraron al “Mayo” Zambada, actuando ilegalmente, como lo sigue haciendo la CIA en México.
Claudia Sheinbaum, por táctica política o diplomacia, quiso diferenciar a Donald Trump de la ultraderecha estadounidense, pero no existe tal distancia. Sí, en efecto, en el Gobierno de Estados Unidos hay más radicales de derecha que Trump, pero él es su líder indiscutible. Él no ha descalificado las acusaciones más severas y difamatorias no tan sólo contra el Gobierno mexicano sino contra la misma sociedad mexicana. Para el magnate “los bad hombres” no son exclusivamente los políticos si no los mexicanos en su conjunto.
El habitante de la Casa Blanca sabe muy bien que su contraparte que habita Palacio Nacional cuando critica la injerencia extranjera en México se refiere al mismísimo jefe de política interna e internacional de Estados Unidos. Sabe que la bronca es con él.
¿Midió bien sus fuerzas la Presidenta de México cuando desafía al Presidente de Estados Unidos?
El discurso reiterado de Claudia Sheinbaum, y nunca con mayor énfasis que el pasado domingo en la capital del país, es que no extraditará al Gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya y a ningún otro político o funcionario mexicano acusado por la justicia de Estados Unidos, mientras éste no muestre las pruebas que para ella sean convincentes. Y nunca serán suficientemente poderosas porque lo que está en juego es la supervivencia misma del régimen que está construyendo la 4T.
En efecto, si es extraditado Rubén Rocha Moya después caerían tantas fichas de dominó que la misma permanencia de la Doctora Sheinbaum sería inviable. Y también el dueño de “La Chingada” tendría que abandonar Palenque.
Por razones de Estado, con lo cual se justifica por parte de sus conductores que no se puede dar una explicación a una decisión tomada por ellos porque peligra su permanencia en el poder, la Dra. Sheinbaum no va a ceder ante las presiones del gobierno de Donald Trump. Si esta conjetura es cierta, entonces la siguiente pregunta es. ¿Qué va a hacer la Casa Blanca ante la negativa mexicana?
Lo que es más visible es que va a seguir presionando con más acusaciones a gobernadores y otros funcionarios mexicanos, con una agravante: van a agregar a los expedientes que los políticos mexicanos protegen a organizaciones terroristas o, aún más grave, que son parte de ella. Y a los gringos lo que les importa es lo que digan ellos y no otros gobiernos.
En Estados Unidos saben muy bien que nuevas acusaciones van a levantar más tormentas mediáticas en México contrarias a la 4T, tal y como lo hemos visto por varias semanas en el caso de los diez funcionarios sinaloenses. Y si esto sucede durante la celebración de la Copa Mundial de Futbol, aunado a las irresponsables y provocadoras acciones de la CNTE, más lo que se sume, la tormenta será perfecta.
Por lo pronto, como un efecto de esta crisis política mexicana, no es esperable una buena negociación del nuevo T-MEC para México. Y si la Copa Mundial es un fracaso deportivo y turístico para México, los millones de dólares que se esperan no llegarían en las cantidades esperadas y la imagen de nuestro País quedaría aún más dañada.
Otro escenario más lejano, pero posible, es que, finalmente, las agencias de seguridad de Estados Unidos, secuestren a políticos mexicanos que tienen en la mira para enjuiciarlos en una corte de Nueva York u otra ciudad. Y ahí sí el mundo se le vendría encima a Palacio Nacional.