"El renacer de María Luisa"
MAZATLÁN._ Estaba en la plenitud de su trayectoria profesional, llena de actividades y proyectos, cuando María Luisa Miranda empezó a sentir malestares en su salud.
Le faltaba energía, batallaba para dormir y aunque lo atribuía al estrés y a la fuerte carga de trabajo, al acudir al médico, le detectaron una manchita en el ovario izquierdo y era un problema de cáncer.
Era septiembre de 2013 y la directora general del Instituto Sinaloense de Cultura inició quizás la lucha más grande por la vida.
"Yo empecé a sentir mucho cansancio, no podía dormir y sentía como cólico, una sensación en la espalda que irradiaba dolorcito en toda el área pélvica y pensé que era un asunto digestivo", recuerda.
"Comencé una serie de estudios y el gastroenterólogo detectó una manchita en el ovario izquierdo. Fui con el ginecólogo, efectivamente lo confirmó, se tomó la biopsia y cuatro días después, me llamó para decirme que tenía cáncer de ovario".
Sintió miedo, coraje, desprotección, pero llena de fe inició ese proceso en el que su amor por la vida, pudo culminar victoriosa. Hoy, fortalecida y renovada, comparte para Palestra la experiencia que tuvo que enfrentar.
'Se me vino el mundo encima'
No era la primera vez que recibía una noticia así. Veinte años atrás, perdió el ovario derecho y le quitaron matriz, por cáncer. Y en 2009 su madre falleció de cáncer cervicouterino.
Pero ella tenía dos factores a favor: que era un proceso inicial y se localizaba en un tejido que recubre el ovario.
"Pensé que era metástasis. Tuve un momento de confusión, de caos, de negación; incluso, un momento de dudas, piensas que no es cierto, que están equivocados todos porque no debe ser, no puede ser".
Pronto asumió con entereza que había un problema que resolver. Y junto con su esposo, inició esta tarea, sin decirle a nadie, con la esperanza de que todo se corrigiera pronto.
"Esto pasa en la etapa de la negación, pensaba que no era para tanto... Es parte de lo que quieres evitar a los hijos, protegerlos del dolor, incluso a mi única hermana mujer, cinco años menor que yo, pues las hermanas mayores de mi generación éramos mamás de los más chicos".
En enero, su médico le dijo que por los antecedentes y circunstancias que tenía, necesitaba un protocolo agresivo de quimioterapia. Ese día, decidió iniciar.
"Me preguntó cuándo empezamos, y yo le dije: Hoy. Iniciamos muy dramáticamente las cosas, el primer día se me cayó el cabello, cejas, pestañas, todo el vello del cuerpo. Se me vino el mundo encima, me daban náuseas", recuerda.
"Tu organismo se manifiesta de muchas maneras, empiezas con que no puedes comer, no puedes dormir, tu sistema digestivo se altera, tiene uno muchos altibajos emocionales".
Y pese a todas las reacciones biológicas, ella sintió que podía llevar su vida normal y luego de ese periodo vacacional, volvió al trabajo, pues era su aliciente, su motivación.
"Me ayudaba pensar que en el servicio público somos pocas mujeres, que no podía enfermarme, que no quedara ese precedente. Pensaba que en lugar de sentirme mal, debía sentirme bien para no menguar energía".
En esa época, se vivía un momento de efervescencia entre trabajadores del Isic, había plantones, marchas, manifestaciones, pero su retiro temporal, se debió a su delicado estado de salud.
"Fue en el momento más álgido del tratamiento, cuando decidí tomar mi incapacidad, fue por recomendación médica, porque el organismo tenía que procesar químicos y todo este atropello del que es víctima".
"El médico me dijo definitivamente cinco o seis meses tienes que estar fuera, tu hígado debe procesar todo y te necesito más tranquila, más reposada".
Decirle al Gobernador que se tenía que ir, no fue fácil. Pero tuvo que tomar la decisión para atenderse, reposar, estar tranquila y con su familia. Aunque eso le diera una sensación de fracaso.
"Las madres nos creemos infalibles, pensamos que no nos podemos permitir ciertas cosas, y sentía que les había fallado a mis hijos, a mi esposo, al Gobernador que me dio esta tarea tan compleja y hermosa, pero al paso de los días se va sintiendo uno en la justa dimensión de las cosas".
'Vivía en un túnel, al final se veía la luz'
Se sentía víctima, defraudada, la persona menos amada. Pero sabía que no se debía dejarse abatir.
"Tienes que poner todo, porque se convierte esto en una lucha entre lo biológico contra lo espiritual, anímico y emocional", advierte.
"Hay muchos momentos de conmiseración, se llora, 'por qué yo', 'por qué a mí', 'yo he sido buena hija, esposa, madre'. La fuente infinita de fortaleza viene de tu fe, desde tu ser".
Y esa fuente inagotable de fortaleza, que venía desde dentro para sacarla del abismo, era su fe, porque es cristiana y a su lado siempre ha estado la Biblia y la oración.
"Dios probó fe, la fortaleció y debe ser testimonio para otros. Cuando dicen las personas 'veo la luz al final del túnel', parece un lugar común, pero es una realidad para enfermos de enfermedades como cáncer, yo experimenté como que estaba en un hoyo, ves todo oscuro y al final una luz, esa posibilidad de estar bien otra vez", admite.
"Pero vivía mi realidad, 'tengo cita', 'me van a hacer esto', 'no puedo comer', 'me siento mal', pero al final del túnel está esa esperanza y voy para allá. La seguí hasta que la luz se iba haciendo más grande, confiando en ese ser supremo, poniendo todo y estando en las manos indicadas médicamente".
'Mi familia,mi principal fortaleza'
María Luisa Miranda tocó fondo. Y estar en su casa, en Los Mochis, fue como volver al origen, volver a su madre, llorarla, decirle cuánta falta le hacía.
"Me conecté con mi madre de nuevo y pude ver que en sus últimos meses estuve apegada día y noche con ella, la volví a vivir y la entendí".
Muchas noches tampoco ella dormía, lloraba, y cuando volvía el remanso, llamaba a sus hijos para abrazarlos.
Sus hijos Dulce, Érika y Heriberto, sus dos nietos, su padre y su esposo Heriberto Robles Borboa, fueron su principal fortaleza.
"Estar en mi casa, en mi cama, decir a mis hijos vengan, abrazarlos, es una sensación de volver a tenerlos en el vientre, sentirme protegida; ellos, mis tres adultos de 28, 29 y 31, entendían que era algo que yo necesitaba y jugaron bien su papel", dice.
"Esa parte espiritual de saber que eres amado incondicionalmente por tus hijos, te llena y te da una vitalidad, te hace pensar que eres indispensable para ellos y que eres importante, aunque para otros no lo seas".
- ¿Sintió miedo?
Mucho, uy sí, sí se siente mucho miedo y lloras eso porque eres humano, te sientes desprotegido, piensas por qué a mí, por qué yo, no me lo merezco y lloras.
"Siente uno una desprotección total porque es incierto, hay una realidad que es lo biológico. No me avergüenza decir que tuve miedo, no es malo, lo malo es quedarte ahí".
Verse sin cabello y con la piel grisácea y azul, con paño en las ingles y piernas, le afectaba también su autoestima.
"Y como no duermes bien ni comes bien, te sientes muy mal y qué ánimo ni de arreglarte. Yo veía a mi esposo en las mañanas que se arreglaba cuando venía a trabajar y yo decía, para qué se perfuma, empiezas a meterte ideas, es que tan fea que me ve", dice.
"Yo que soy tan segura en eso, todo se pierde. No te ves bien. Las pelucas no las toleras todo el día, además no soy una chamaquita que con cualquier cosa se ve bien, todo eso afecta mucho y la pareja juega un papel importante, y comprobé con esta experiencia todo lo que mi esposo me ama".
Renacer
María Luisa Miranda se aferró a la vida. Recordaba al hijo que perdió a los dos meses de nacido, vacío y dolor con el que aprendió a vivir, pero sabía que ella tenía vida y por lo tanto la responsabilidad de luchar. Fuerza, le pedía a Dios, una y otra vez, fortaleza.
Sus amigos cercanos y algunos que estaban lejanos se hicieron presentes, en una reunión en la que contaron anécdotas, se rieron de cosas pasadas, jugaron, comieron, le llevaron flores, y detalles, como fotos de viejos tiempos.
Vivió el proceso con mucha esperanza, viendo cada vez más cerca la luz. Pero ese cielo finalmente se abrió el 13 de diciembre de 2014, cuando el médico le dijo que estaba curada.
Seguirá bajo control, en seguimiento, pero ya su organismo lo siente con vida.
- ¿Resurgió una nueva María Luisa Miranda?
Sí, resurgió una nueva María Luisa porque estas pruebas para eso son, eso es lo que uno tiene que capitalizar, la visión de la vida cambió totalmente para mí. A partir de esta experiencia enfoco mi interés más en las cosas fundamentales, lo sustancial de la vida y mi trabajo. Consciente de la absoluta conciencia de la importancia de la salud, de la familia, los amigos y responsabilidad social, que como seres humanos tenemos de estar para el otro.
FORTALEZA
Le faltaba energía, batallaba para dormir y aunque lo atribuía al estrés y a la fuerte carga de trabajo, pero al acudir al médico... Hoy comparte su historia de fe y unión familiar en esos momentos tan cruentos. de su vida.
"(El médico) Me preguntó cuándo empezamos, y yo le dije: Hoy. Iniciamos muy dramáticamente las cosas, el primer día se me cayó el cabello, cejas, pestañas, todo el vello del cuerpo. Se me vino el mundo encima".
"Cuando dicen las personas 'veo la luz al final del túnel', parece un lugar común, pero es una realidad para enfermos de enfermedades como cáncer, yo experimenté como que estaba en un hoyo, ves todo oscuro y al final una luz, esa posibilidad".
María Luisa Miranda