Hay frases o declaraciones de políticos que se quedan en la memoria colectiva, el “haiga sido como haiga sido“ del expresidente Felipe Calderón, el “hoy, hoy, hoy” de Vicente Fox Quezada, “defenderé el peso como un perro” de López Portillo, y creo que es inevitable que los presidentes (o cualquier otro político para el efecto) saque algo de su personalidad en sus declaraciones.
Hablando de declaraciones de políticos, son estos quienes mantienen vivo el verbo “cantinflear” (aunque también algunos estudiantes que no se preparan para los exámenes me han comentado), no pondré ejemplos de esto, pero sí he notado que el fenómeno de contestar sin contestar lo que se está preguntando se ha propagado enormemente, y esto no es sin razón, la razón es el expresidente López Obrador, quien es el máximo líder de cientos de miles de políticos y quizá de otros cientos de miles de aspirantes y que durante sus “mañaneras” respondía extensamente, pero en muchas ocasiones no sobre lo que se le preguntaba, sino lo que él consideraba debía responder.
Difícil no buscar repetir lo hecho por el expresidente, porque como ningún otro logró mantener la narrativa durante su gobierno, lo que decía o dejaba de decir era de lo que se hablaba durante el día y semanas, para bien o para mal.
Ya hemos hablado del Diputado de Morena, Arturo Avila, quien no pierde oportunidad de hablar frente a las cámaras, y en esta ocasión el periodista Felipe Barrera le preguntó que si la jefa de Gobierno Clara Brugada podía tener alguna responsabilidad en que se haya pintado de morado (gran parte de la CDMX con motivo del mundial de futbol) ignorando las señaléticas que mencionan que es obligatorio pintar de amarillo ciertos objetos, esto con la finalidad de que se vean con mayor facilidad. La pregunta fue: “¿Es probable que se le pueda fincar alguna responsabilidad por tantos millones de pesos en pintar puentes, pasos peatonales y después repintarlos de amarillo? Señalando que dichas pintas se hicieron con recursos públicos y que fue una medida de la jefa de gobierno. La respuesta fue la siguiente: “Clara Brugada es una gran jefa de gobierno, electa por la mayoría de las y los que viven en esta Ciudad de México y me parece que la dinámica de embellecer esta Ciudad lo ha hecho muy bien, a mi me gusta mucho, yo lo disfruto mucho hay a quien no le gusta, incluso, a quien le genera un repele Iztapalapa y la han denominado de muchas formas, ya sabes, los típicos de siempre, yo creo que se ve muy bonita la Ciudad de México, creo que hace una gran labor y no solamente eso creo porque no volteamos a ver todas las calles a las que le han quitado baches, la cantidad de luminarias que ha generado el gobierno de la Ciudad de México, la cantidad de obra pública...” Aquí le preguntó yo a Usted, ¿Respondió la pregunta? Para mí no lo hizo, ¿Para Usted? Seguramente tampoco.
Y ahora es lo común, el político contesta lo que quiere y si es posible busca cambiar el tema, como en el ejemplo anterior, no se le preguntó sobre luminarias, no se le preguntó si fue electa por pocos o muchos votantes, no se le preguntó si para el era una gran jefa de gobierno o no, tampoco se le preguntó si a alguien le genera un repele Iztapalapa, pero él consideró que la pregunta que se le hizo era necesario responder con eso, sin siquiera tratar de responder lo que realmente se le preguntó.
Esto le podrá parecer pequeño e insignificante, pero no lo es, cada cosa pequeña e insignificante que permitimos de los políticos solamente hace que con el paso del tiempo se vuelva normal y por ende se busque normalizar temas mayores como lo pueden ser: robos, asesinatos, aumento a canasta básica, aumento a gasolina, ignorar al sector agrícola y tantos, pero tantos ejemplos más.
Si no podemos tener un político que responda lo que se le pregunta, ¿que sí podemos tener?