Dos años (y más) de cobertura de la violencia

13/09/2026 04:00
    Han sido más de 750 días en lo que uno tras otro hemos realizado cobertura en territorio de numerosos hechos de alto impacto, principalmente en Culiacán y Navolato al inicio, pero también en Mazatlán y Escuinapa, más últimamente, o incluso en Rosario y Concordia, y hasta en Ahome, o algún otro municipio donde se requiera y que encontremos condiciones para trasladarnos.

    Siendo un medio de comunicación sinaloense, es innegable que una de las vertientes más fuertes de cobertura periodística es el aspecto de seguridad.

    En este tenor, nos ha tocado cubrir varias rachas violentas en nuestro estado, tres en las últimas dos décadas, además de dos jornadas que se convirtieron en históricas por el grado de intensidad y de alcance en nuestras ciudades, las cuales son conocidas como “culiacanazos”, término que por cierto no es muy usado en nuestras publicaciones.

    De hecho, en nuestra historia como periódico hubo una época en que teníamos una sección de seguridad aparte en nuestro ejemplar de Culiacán, en formato tabloide. Y llegamos a tener dos periódicos (uno en Mazatlán y otro en Culiacán) aparte de Noroeste, que se enfocaba totalmente a la cobertura y publicación de información de seguridad.

    Eran las épocas en que los ejemplares impresos circulaban con altos tirajes, pues el internet era incipiente y aún no existían las redes sociales.

    Hoy todo eso ha cambiado, pero aunque el ecosistema informativo ha mutado, por desgracia la violencia se ha intensificado, tan es así que este pasado 9 de septiembre cumplimos dos años de que Sinaloa está inmerso en la peor ola violenta que ha vivido en su historia, y consecuentemente la más intensa cobertura que se ha prolongado estos 24 meses.

    Han sido más de 750 días en lo que uno tras otro hemos realizado cobertura en territorio de numerosos hechos de alto impacto, principalmente en Culiacán y Navolato al inicio, pero también en Mazatlán y Escuinapa, más últimamente, o incluso en Rosario y Concordia, y hasta en Ahome, o algún otro municipio donde se requiera y que encontremos condiciones para trasladarnos.

    Prácticamente estamos, como se dice, 24x7 en las coberturas, pues nos mantenemos en guardia todos los días y a todas horas, y cubrimos en territorio más del 80 por ciento de los hechos de alto impacto.

    Nos imponemos limitaciones, por supuesto, en horas y en regiones. Por ejemplo, no salimos a cubrir en la madrugada casi nunca, aunque dependiendo de los hechos sí lo llegamos a hacer. También nos movemos básicamente en zonas urbanas, y cuando eventualmente vamos a zonas rurales lo hacemos bajo fuertes protocolos de autocuidado, como ir plenamente identificados con uniforme, el gafete y el vehículo con el rótulo de Noroeste; compartimos ubicación en tiempo real; no nos movemos solos, sino que hacemos equipo con colegas de otros medios, y no vamos a las zonas de los sucesos si “no hay gobierno”, es decir, vamos hasta que confirmamos que ya hay corporaciones policiacas o militares en el área.

    Desde la primera ola violenta que nos tocó cubrir por allá de 2008-2011 nos impusimos protocolos estrictos de seguridad que continúan vigentes, y con el tiempo hemos ido agregando algunos o adaptando.

    En aquella época, por ejemplo, no hacíamos transmisiones en vivo a través de las redes sociales, y hoy las hacemos en la mayoría de los hechos en cuanto hay condiciones, además que de lunes a viernes mañana y tarde hacemos reportes de seguridad en vivo.

    Por supuesto que dentro de esas transmisiones establecimos protocolos nosotros mismos, y no las hacemos, por ejemplo, si la zona continúa insegura, o si los familiares nos piden no hacerla, o incluso si recibimos “mensajes” velados de los propios grupos delictivos para que no las hagamos, pero en realidad estos no son frecuentes, y en realidad sí logramos concretar transmisiones en la mayoría de los hechos a los que llegamos a cubrir, sin embargo siempre tratamos de hacerlo con precaución, con respeto a las víctimas y sus familias, cuidando transmitir sólo datos confirmados y evitando imágenes que puedan ser demasiado fuertes, agresivas o sangrientas.

    Prevención y utilidad es la clave en todo el manejo de información relacionada con la violencia, es decir, que sirva para alertar de las zonas donde están ocurriendo los hechos, así como las horas y las condiciones que se presentan para los ciudadanos. Pero también nuestras coberturas sirven para atestiguar y documentar esta realidad, aunque nos duela o parezca como simple morbo o intromisión. En realidad, somos conscientes de que estamos documentando y dejando el registro, tal vez incómodo, de una era en Sinaloa, una época que quisiéramos olvidar, pero que debe quedar registrada en los anales de la historia de nuestro estado para no volverla a repetir.

    Estos dos años han sido intensos y extenuantes y nuestras coberturas no se han limitado a los hechos violentos, sino también a sus consecuencias en la comunidad.

    Por eso nos enfocamos en el aspecto económico, por ejemplo, para documentar los efectos devastadores que está teniendo la violencia en el dinamismo de las ciudades sinaloenses, en la afectación a las familias que tienen sus negocios como sustento.

    También vemos con especial atención a las víctimas y a sus familias, principalmente en el caso de personas desaparecidas. Desde publicar una pesquisa con la ficha de búsqueda hasta dar cobertura permanente a los colectivos de búsqueda, acompañarlos en sus jornadas en territorio y proyectar su voz en sus denuncias y manifestaciones.

    Además, todos los días documentamos los números de esta criminal ola violenta, para tener un registro fiel de cada persona que ha sido asesinada desde el 9 de septiembre de 2024 y de los que han sido privados de su libertad, así como del delito de robo de vehículos. No es sólo acumular números, es dejar constancia de que todos cuentan y evitar que la autoridad los borre de los registros históricos y de la demanda de justicia.

    También cuestionamos diariamente al Gobierno en todo su espectro sobre las estrategias, los resultados y las cuestiones necesarias que realizan, han realizado o deben realizar en medio de esta devastadora guerra sinaloense.

    Tras dos años inmersos en este contexto violento, vemos con tristeza cómo ha cambiado el ecosistema informativo y las tecnologías para informar mejor, pero la violencia es la misma y, peor aún, muta sólo para mal.