El riesgo, siempre
el riesgo... pero nos mantiene alerta

    No es sencillo transitar por las zonas de hechos violentos, tomar fotos, videos, obtener datos... ya lo hemos comentado, pero a lo que no nos acostumbramos, ni debemos acostumbrarnos, es al riesgo.

    Andamos tanto y tan de cerca en sucesos de violencia que el riesgo siempre está ahí aunque no se manifieste constante.

    Vamos y venimos y de repente surgen detalles, circunstancias, que aunque no pasan a mayores y los propios periodistas no los consideran graves, sí nos sirven para volver a ponernos en alerta.

    Reactivar precauciones, no bajar la guardia, andar con cuidado.

    En días recientes hemos tenido incidentes menores, tanto en Culiacán como en Mazatlán, y otros municipios.

    No es sencillo transitar por las zonas de hechos violentos, tomar fotos, videos, obtener datos... ya lo hemos comentado, pero a lo que no nos acostumbramos, ni debemos acostumbrarnos, es al riesgo.

    Llegar a una escena de un homicidio y surge el reclamo, la amenaza, la agresión...

    Entonces volvemos a lo básico, a centrarnos, a no confiarnos.

    Vamos a documentar un operativo y están las miradas, los mensajes, los detalles de advertencia...

    Lo dicho, no es nada fácil, y aunque sabemos que a esto nos dedicamos y a lo que estamos expuestos, no por eso deja de indignar, de incomodar, de desmotivar.

    Hace casi 15 años, en medio de otra ola violenta en nuestro estado, tuvimos que ajustar nuestra manera de cubrir los hechos de alto impacto.

    Nos ajustamos para poder seguir informando. Sin escatimar en información pero siempre cuidando cada detalle, cada dato, cada foto, cada publicación.

    Nos han funcionado y nos han ayudado a mantener el riesgo bajo control, pero las circunstancias cambian, las condiciones mutan, y vamos detrás tratando de ajustarnos para seguir cumpliendo con nuestra misión de informar.

    Aquellos protocolos, aún súper vigentes para nosotros, se basaron en nuestra experiencia y en numerosos documentos emitidos por organizaciones de protección a periodistas, elaborados por expertos, los cuales nos ayudaron muchísimo en ese entonces y lo siguen haciendo ahora.

    Dos de esos documentos en especial nos ayudaron mucho: Guía práctica de seguridad para la cobertura en zonas de riesgo, elaborado por Darío Fritz y el Programa de Libertad de Expresión y Protección, de la oficina para México y Centroamérica de ARTICLE 19; así como del Protocolo de Seguridad para Periodistas en Situaciones de Alto Riesgo, elaborado por periodistas y asociaciones de derechos humanos dentro de la Operación Conjunta Chihuahua.

    “¿Cuándo somos peligrosos?”, es uno de los apartados de esos documentos dirigidos específicamente a los periodistas. Y enumera una lista de acciones o condiciones que nos convierten en un peligro: Si nos metemos en una refriega. Si no somos transparentes. Si somos mensajeros. Si nos inclinamos por un actor del conflicto. Riesgos innecesarios. Si no prevenimos. Si aceptamos dádivas. Ausencia de rigor en la recolección de información. Si nos movemos solos en zonas de riesgo. Si anteponemos la primicia al riesgo. Si redactamos de manera descuidada, sin rigor periodístico. Si no somos conscientes de la importancia y trascendencia de nuestra labor...

    Esas son algunos de los puntos que responden a ese cuestionamiento y que como periodistas serios tenemos bien claros y los conocemos y respetamos al pie de la letra. Luego esos puntos se van desglosando uno por uno para que no haya lugar a dudas.

    Uno de nuestros protocolos titulado Cobertura segura, se basa en esos dos documentos y abarca desde cuestiones generales para la práctica periodística, hasta puntos muy específicos como qué hacer al llegar al lugar de los hechos, cómo redactar una nota con rigor periodístico y cómo practicar el autocuidado físico y emocional.

    Lo mejor de tener estos documentos y poder basarnos en ellos es que sabemos que no estamos solos. Que otros periodistas en el mundo y en México viven lo mismo. Y que hay quienes se preocupan por decirnos cómo cuidarnos.

    Y sí, nuestro documento con el protocolo despliega cuestiones generales de cómo reportear y cómo redactar, pero nos abarca también cómo armar un plan de contingencia, cómo confrontar datos y fuentes, cómo tratar filtraciones... incluso cómo mantenernos neutrales.

    De situaciones de riesgo nos detalla cómo actuar si llegamos a ser detenidos en un retén, cómo comportarnos ante policías y militares, cómo tratar con las víctimas, precauciones en casos de ataques violentos...

    “Prevenir para después informar”, es el título de uno de los apartados y nos sirve completo para medir el riesgo, para asumir lo necesario y actuar en consecuencia.

    Así que sí, estamos capacitados y preparados. Pero el riesgo está ahí. No sólo está latente, sino que es tangible. Lo sentimos y lo resentimos. Pero lo tomamos con responsabilidad, no con resignación sino con prevención.