Entre textos, fotos, videos, reels, la multiplataforma... la adaptación constante nos rige

19/04/2026 04:00
    En un artículo publicado por la Red Ética de la Fundación Gabo el verano pasado, titulado “¿Periodismo para el algoritmo o para la gente?: informar con criterio en redes sociales”, la comunicadora digital Valery Taborda resume muy bien desde el inicio de su texto la situación actual: “La forma en que nos informamos ha cambiado. Lo que antes hacía parte del hábito cotidiano -una ciudadanía interesada en mantenerse informada- hoy se diluye en medio de la saturación informativa propia de la era digital”.

    Qué tiempos aquellos en que cada medio de comunicación tenía su identidad clarísima en cuanto al canal que usaba para transmitir la información. Si eras un medio televisivo, pues comunicabas a través de imágenes audiovisuales, video con audio... si eras radio pues el sonido, la voz, el audio en sí, era prácticamente tu única herramienta o plataforma para comunicar, mientras que si eras un medio impreso, como periódico o revista, el texto y las imágenes eran la base.

    Y en ello nos especializábamos por completo. Así, un periodista de televisión tenía que ser capaz de pararse frente a una cámara y hablar de manera solvente para dar las noticias, los de la radio eran especialistas con sus voces y transmitían con base en ellas, mientras que los reporteros de impresos tenían que ser capaces de escribir un texto incluso de largo alcance de manera atractiva y con un buen uso del lenguaje escrito para cautivar a sus lectores y hacer sintonía con el fotorreportero que tenía que plasmar en una o dos imágenes toda una historia o un hecho.

    Por supuesto esto en su esencia continúa existiendo, pero decimos “qué tiempos” para referirnos a hace menos de 20 años cuando aún continuaba así exclusivamente nuestro trabajo. Pero esto, en la última década y sobre todo en los últimos cinco años, ha mutado por completo sin desaparecer, es decir, nos hemos tenido que convertir en medios y periodistas híbridos.

    Así, un reportero de televisión ahora no sólo tiene que hablar en cámara, sino que un texto de esa nota se debe subir a un sitio web y moverse en redes sociales, lo mismo que un reportero de radio, donde ya no es suficiente hablar excelente en el micrófono sino también ahora a cuadro en video y escribir y publicar un texto y fotos en su portal informativo.

    Y los de medios impresos como nosotros, ahora los periodistas no sólo tienen que saber reportear y entrevistar a fondo para escribir un texto y tomar buenas fotos para acompañarlo, sino que deben ser capaces de tomar video, hacer un texto para ello, que es diferente a un texto para el periódico impreso, armar un reel o video corto y hasta pararse a cuadro en una toma para transmitir incluso en vivo desde el lugar de los hechos.

    Por supuesto hay medios nativos digitales que engloban todo esto desde su nacimiento, pero estamos los que éramos de los llamados medios tradicionales que nos hemos tenido que transformar de manera radical para adaptarnos a este nuevo mundo de la información.

    En un artículo publicado por la Red Ética de la Fundación Gabo el verano pasado, titulado “¿Periodismo para el algoritmo o para la gente?: informar con criterio en redes sociales”, la comunicadora digital Valery Taborda resume muy bien desde el inicio de su texto la situación actual:

    “La forma en que nos informamos ha cambiado. Lo que antes hacía parte del hábito cotidiano -una ciudadanía interesada en mantenerse informada- hoy se diluye en medio de la saturación informativa propia de la era digital. En este nuevo ecosistema, múltiples lenguajes, formatos y estilos circulan por las redes sociales y compiten por la atención de la audiencia. En ese contexto, el periodismo asume el desafío de adaptarse buscando nuevas formas de visibilizar sus historias”.

    En eso radica nuestra adaptación, lo que rige en el periodismo actual es prácticamente “transformarse o morir”. Es decir, aunque somos en origen un medio impreso y esa sigue siendo nuestra expertiz, no podemos eludir las otras plataformas, pues dejaríamos de tener presencia en lo digital y las redes sociales.

    Lo mismo le pasa a todos los medios tradicionales, que se han tenido que adaptar y ahora, junto con los medios nativos digitales, competimos “todos contra todos” por una ración de la audiencia.

    Operativamente, tenemos la ventaja de que la tecnología y las herramientas actuales nos ayudan en estos procesos de adaptación, pues, por ejemplo, no tenemos que manejar todos una cámara de video, pero sí saber tomar video con un teléfono celular.

    Tenemos la gran ventaja de que los periodistas por naturaleza somos abiertos a probar nuevos procesos, sobre todo por la novedad y el cambio, que siempre nos es atractivo, aunque esto no significa que no haya cierta resistencia, sobre todo por las cargas de tiempo y esfuerzo que implica esta adaptación.

    Pero más que nada contamos con nuestros periodistas jóvenes, que ellos en sí son nativos digitales y no se tienen que adaptar a los nuevos formatos, sino que los traen inherentes, por así decirlo, lo cual es una fortuna en medio de todo este contexto que continúa siendo cambiante a cada momento.

    De hecho, en el mismo artículo que mencionamos, la autora hace un apartado al que llama “Entre la adaptación y la resistencia”, título con el cual nos sentimos identificados por completo, pues en sí en los últimos tiempos nos hemos tenido que transformar prácticamente día con día, mes con mes, ni siquiera año con año...

    Así que sí, efectivamente enfrentamos las dificultades diarias de ser un medio híbrido, multiplataforma, pero lo hacemos con la responsabilidad y el entusiasmo de mantener la ética y el rigor periodístico intacto.

    Qué tiempos aquellos en que cada medio de comunicación tenía su identidad clarísima en cuanto al canal que usaba para transmitir la información. Si eras un medio televisivo, pues comunicabas a través de imágenes audiovisuales, video con audio... si eras radio pues el sonido, la voz, el audio en sí, era prácticamente tu única herramienta o plataforma para comunicar, mientras que si eras un medio impreso, como periódico o revista, el texto y las imágenes eran la base.

    Y en ello nos especializábamos por completo. Así, un periodista de televisión tenía que ser capaz de pararse frente a una cámara y hablar de manera solvente para dar las noticias, los de la radio eran especialistas con sus voces y transmitían con base en ellas, mientras que los reporteros de impresos tenían que ser capaces de escribir un texto incluso de largo alcance de manera atractiva y con un buen uso del lenguaje escrito para cautivar a sus lectores y hacer sintonía con el fotorreportero que tenía que plasmar en una o dos imágenes toda una historia o un hecho.

    Por supuesto esto en su esencia continúa existiendo, pero decimos “qué tiempos” para referirnos a hace menos de 20 años cuando aún continuaba así exclusivamente nuestro trabajo. Pero esto, en la última década y sobre todo en los últimos cinco años, ha mutado por completo sin desaparecer, es decir, nos hemos tenido que convertir en medios y periodistas híbridos.

    Así, un reportero de televisión ahora no sólo tiene que hablar en cámara, sino que un texto de esa nota se debe subir a un sitio web y moverse en redes sociales, lo mismo que un reportero de radio, donde ya no es suficiente hablar excelente en el micrófono sino también ahora a cuadro en video y escribir y publicar un texto y fotos en su portal informativo.

    Y los de medios impresos como nosotros, ahora los periodistas no sólo tienen que saber reportear y entrevistar a fondo para escribir un texto y tomar buenas fotos para acompañarlo, sino que deben ser capaces de tomar video, hacer un texto para ello, que es diferente a un texto para el periódico impreso, armar un reel o video corto y hasta pararse a cuadro en una toma para transmitir incluso en vivo desde el lugar de los hechos.

    Por supuesto hay medios nativos digitales que engloban todo esto desde su nacimiento, pero estamos los que éramos de los llamados medios tradicionales que nos hemos tenido que transformar de manera radical para adaptarnos a este nuevo mundo de la información.

    En un artículo publicado por la Red Ética de la Fundación Gabo el verano pasado, titulado “¿Periodismo para el algoritmo o para la gente?: informar con criterio en redes sociales”, la comunicadora digital Valery Taborda resume muy bien desde el inicio de su texto la situación actual:

    “La forma en que nos informamos ha cambiado. Lo que antes hacía parte del hábito cotidiano -una ciudadanía interesada en mantenerse informada- hoy se diluye en medio de la saturación informativa propia de la era digital. En este nuevo ecosistema, múltiples lenguajes, formatos y estilos circulan por las redes sociales y compiten por la atención de la audiencia. En ese contexto, el periodismo asume el desafío de adaptarse buscando nuevas formas de visibilizar sus historias”.

    En eso radica nuestra adaptación, lo que rige en el periodismo actual es prácticamente “transformarse o morir”. Es decir, aunque somos en origen un medio impreso y esa sigue siendo nuestra expertiz, no podemos eludir las otras plataformas, pues dejaríamos de tener presencia en lo digital y las redes sociales.

    Lo mismo le pasa a todos los medios tradicionales, que se han tenido que adaptar y ahora, junto con los medios nativos digitales, competimos “todos contra todos” por una ración de la audiencia.

    Operativamente, tenemos la ventaja de que la tecnología y las herramientas actuales nos ayudan en estos procesos de adaptación, pues, por ejemplo, no tenemos que manejar todos una cámara de video, pero sí saber tomar video con un teléfono celular.

    Tenemos la gran ventaja de que los periodistas por naturaleza somos abiertos a probar nuevos procesos, sobre todo por la novedad y el cambio, que siempre nos es atractivo, aunque esto no significa que no haya cierta resistencia, sobre todo por las cargas de tiempo y esfuerzo que implica esta adaptación.

    Pero más que nada contamos con nuestros periodistas jóvenes, que ellos en sí son nativos digitales y no se tienen que adaptar a los nuevos formatos, sino que los traen inherentes, por así decirlo, lo cual es una fortuna en medio de todo este contexto que continúa siendo cambiante a cada momento.

    De hecho, en el mismo artículo que mencionamos, la autora hace un apartado al que llama “Entre la adaptación y la resistencia”, título con el cual nos sentimos identificados por completo, pues en sí en los últimos tiempos nos hemos tenido que transformar prácticamente día con día, mes con mes, ni siquiera año con año...

    Así que sí, efectivamente enfrentamos las dificultades diarias de ser un medio híbrido, multiplataforma, pero lo hacemos con la responsabilidad y el entusiasmo de mantener la ética y el rigor periodístico intacto.