Los restos de Hernán Cortés se encuentran en el templo de Jesús Nazareno, en un discreto rincón de un muy discreto recinto religioso; a unos metros de Palacio Nacional, en el corazón de la Ciudad de México.
Nadie los quiere recordar en México, pero tampoco los reclama España. Su recuerdo encarna lo peor de la llamada “leyenda negra” de España. Esa exagerada y ultranegativa visión de la conquista española en América patrocinada por ingleses y franceses.
Nadie quiere remover asunto tan delicado, un avispero sacudido por el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador y apenas apaciguado por la Presidenta Claudia Sheinbaum y el Presidente de España, Pedro Sánchez.
Nadie, salvo Isabel Díaz Ayuso.
La Presidenta de la Comunidad de Madrid vino a México y con un desparpajo provocador le rindió homenaje a Hernán Cortés.
Las razones de Ayuso son complejas: para empezar, es una política española de derechas que mantiene el poder en Madrid con puño de hierro, y sueña con tumbar del poder al Presidente Pedro Sánchez, representante de un partido de izquierdas.
Ayuso pertenece a esa estirpe de políticos que vive en el conflicto permanente, en el enfrentamiento. Se mueve en razón del poder y sus apariciones son calculadas, siempre asesta el golpe y desaparece.
Da pocas entrevistas y se rodea de un equipo que le prepara cada uno de sus discursos. Eso sí, cuando aparece siempre lo hace con un estilete en la lengua y el garrote en la mano, dispuesta a pelear con quien sea.
El listón que marca el nivel de su agresividad política lo impone la ultraderecha, a la que tiene como objetivo arrebatarle el discurso y gobernar sin someterse a otros partidos, algo difícil de conseguir en un sistema parlamentario como el español.
Así que va por el mundo exprimiendo la rentabilidad política allá donde la encuentre, y alguien le sugirió que despertar los odios de la Conquista siempre regala los votos de los obsesionados con la sangre derramada en el pasado.