La crisis de violencia que vive Sinaloa generada por grupos de la delincuencia organizada ha tenido un alto impacto social debido a las pérdidas humanas registradas y también los daños patrimoniales causados.
El registro oficial desde que inició la ola de violencia habla de al menos 2 mil 837 personas asesinadas, además de las denuncias por privaciones de la libertad, que llegan a 3 mil 316 víctimas.
Y como en muchas de las crisis de inseguridad, se ha resaltado la existencia de una cifra negra, es decir, en la que los delitos no llegan a materializarse en denuncias y por lo tanto, se infiere que la cantidad de víctimas es mayor a la que se reconoce en los reportes oficiales.
En cada contexto en que se han presentado esas víctimas ha tenido un impacto en la sociedad, sobre todo, cuando se trata de menores.
Este miércoles se reportó el asesinato de otro menor de 15 años en Culiacán, como ocurrió también la semana pasada con otro estudiante de preparatoria y como ha ocurrido a lo largo de estos 17 meses de violencia sostenido en la entidad.
Tiene un impacto mucho mayor porque se trata de menores de edad que, en el caso de los adolescentes, aún están por empezar a definir qué es lo que quieren para su futuro.
Impactan estos casos porque algunos de ellos se han vuelto víctimas colaterales de la guerra criminal que se mantiene en Sinaloa.
También tienen un impacto porque antes de que se conozcan detalles de las investigaciones, ya hay una revictimización y una estigmatización de muchos de ellos, justificando que sean víctimas de la violencia.
Y deberían seguir impactando, porque más allá de que otros de ellos pudieran tener algún vínculo con los grupos criminales, no es más que una muestra de que las políticas de atención a las infancias y las adolescencias no han podido cumplir con su cometido.
El contexto define muchas vidas y repetidamente, el contexto es lo que menos se toma en cuenta al momento de definir las políticas públicas para atender a esos menores. Hay que cuidarlos, arroparlos y hacer válida la petición de que “con los niños no”.