El Mundial robado

11/06/2026 04:00
    Nuestro País alista la fiesta guardando los cadáveres en el armario, el reguero de pólvora y los casquillos percutidos debajo de la alfombra. La guerra que recorre nuestras calles se disfraza con música de mariachis y carteles gigantescos de ajolotes de color morado.

    Los grandes eventos a los que se asoma un país sirven para mostrarse ante el mundo, pero ante todo son un espejo para mirarse a sí mismo.

    Una minúscula selección de apenas 26 deportistas resume los sueños de millones, en ellos se concentra el trabajo de años, pero también las debilidades, los miedos, los traumas, las mediocridades de todo un sistema.

    México no sólo asiste a un Mundial de Futbol más, también es uno de los anfitriones, y hoy como nunca, el gran evento deportivo es otro espejo donde el mundo muestra, a su vez, un reflejo de los males que recorren al planeta.

    Nuestro País alista la fiesta guardando los cadáveres en el armario, el reguero de pólvora y los casquillos percutidos debajo de la alfombra. La guerra que recorre nuestras calles se disfraza con música de mariachis y carteles gigantescos de ajolotes de color morado.

    Los políticos, esa banda de egoístas que han sumergido al País en un río de violencia, pobreza y desigualdad, estarán en la primera fila de unos estadios a los que ya no podrá asistir el pueblo, alejado por los precios designados por un algoritmo.

    La FIFA finalmente se ha quitado la máscara y ha convertido el Mundial en un evento para millonarios, los nuevos príncipes de la modernidad: políticos, empresarios, influencers, socialités, gurús de la moda, artistas de pacotilla y uno que otro que venderá su alma al diablo para decir que estuvo ahí.

    Las televisoras necesitan vender y la verdad es que nunca ha sido difícil convencernos de que nuestros mediocres jugadores podrán llegar al quinto partido. En cuanto llega el Mundial se nos olvida que una caterva de tramposos dirige nuestro futbol con el único objetivo de llenarse los bolsillos.

    Antes, por lo menos, el pueblo podía ir al estadio y soñar con ser parte de un evento grande y emocionante, hoy tendremos que pagar incluso para que se nos permita mirar en una pantalla cómo una legión de amantes de la nada se ha robado uno de los eventos más queridos por los mexicanos.