Que tres de cada 10 sinaloenses consideren que se sienten seguros por el narcotráfico tiene algo que dice a todos en Sinaloa, desde el Gobierno hasta la sociedad: que aún la delincuencia organizada mantiene influencia en el ámbito social de la entidad.
La encuesta que organiza el Consejo Estatal de Seguridad Pública revela que esa percepción, de sentirse protegida por el narcotráfico, disminuyó después del llamado “Jueves negro” de octubre de 2019, cuando los indicadores eran más altos.
Pero ha sido la propia violencia la que ha ocasionado la delincuencia organizada que una mayor parte de la población crea que no es seguro estar en convivencia con el narcotráfico.
Y esa es una de las tareas que el Estado mexicano, y en el caso que atañe, el de Sinaloa, deberían estar ocupándose, de cómo ganar esos espacios a la delincuencia organizada.
Sí, mucho se ha hablado de cómo el entorno cultural influye para que el narcotráfico no se vea como una amenaza en el entorno social que se vive en la entidad, pero aún es posible que esas condiciones puedan transformarse.
Ya se ha hablado de la necesidad de crear más y mejores oportunidades para las nuevas generaciones, tanto educativas como artísticas y ocupacionales.
Es urgente reforzar la formación de nuevos ciudadanos, más comprometidos con su entorno, con la paz, la seguridad, el respeto al Estado de Derecho y también al de los demás.
Porque entre más se tarden las autoridades, y la sociedad acompañándolas, más espacios volverán a ocuparse en el sentido social de que la delincuencia organizada ayuda a tener entornos seguros.
Las encuestas, como la presentada por el CESP, ayuda a entender un momento que vive la sociedad y si el Estado no interviene, por más “Jueves Negro” que se presenten, la delincuencia, que siempre ha necesitado de respaldo social, estará ahí para ocupar los lugares que han dejado abandonados. Y no conviene.