Cada año, los gobiernos como los que hay en Sinaloa hacen un gran esfuerzo para paliar las necesidades que genera vivir en una zona donde la sequía se hace cada vez más pronunciada.
Lo mismo realizan obras para almacenar el agua que las lluvias pudieran dejar que se gasta en la contratación de pipas adicionales para llevar agua a las comunidades donde la posibilidad de acceder a ella es casi imposible.
Y el panorama se repite lo mismo en el norte que en el centro y el sur del Estado, de una magnitud u otra, la entidad vive con condiciones de sequía que se prolongan por meses.
Y no solo se trata del consumo humano, sino también de un impacto severo en actividades productivas, como la ganadería y la agricultura, que deben restringir sus operaciones.
La respuesta de las autoridades ha sido hasta ahora esa, la de paliar las necesidades conforme se van presentando y conforme se van agravando.
Pero hasta ahora, pese a que el tema ambiental se ha vuelto parte de las políticas públicas, al menos en el discurso, la gestión del recurso no ha ido más allá de lo que se plasma en letras.
Hay una gestión del recurso de una manera insuficiente. Primero, la gestión del recurso agua, que a pesar de que se trata de una crisis cíclica, no hay hasta ahora medidas que ayuden a tener un uso más eficiente del agua.
Y pasa tanto en el consumo humano como en las actividades productivas. Se restringe cuando falta y se libera cuando se cree que alcanza para todos de manera vasta.
Y está la gestión del recurso financiero para atender la crisis del agua. Poco se invierte no solo en infraestructura que ayude a mejorar el uso del recurso, sino en la gestión de las condiciones para garantizar que el abasto sea suficiente por más tiempo.
Se viene una temporada nueva en que habrá que enfrentarse a la escasez del agua y las autoridades deberían empezar a reflexionar sobre cómo gestionarán ese recurso.