Hora de trabajar

    Es demasiado el tiempo que ha dedicado México a lamerse las heridas por la pandemia, a sobrevivir a un proceso electoral, que cada vez son más difíciles, y a acostumbrarse a vivir con un partido de izquierda en el poder.

    Independientemente de quién ganó, de quién va a gobernar, de las tremendas secuelas que ha dejado la aparición de un virus que no perdonó a nadie y del nuevo color y preferencias de nuestros gobernantes, es hora de trabajar.

    México ya no tiene tiempo que perder, ya discutimos durante demasiado tiempo si el pueblo nada más son los pobres o si también son los ricos, si la clase media apoya al Presidente o si mira para otro lado, un cúmulo de argumentos que para lo único que han servido es para perder tiempo.

    Y lo mismo se aplica para todo el País que para Sinaloa, nos hemos acostumbrado a desgarrarnos las vestiduras en cada elección, al grado que la guerra sucia ha terminado por convertirse en una confrontación violenta y sin límites.

    El problema es que no es fácil salir indemne de una guerra, las cicatrices tardan en sanar y siempre hay quien quiere llevar la confrontación más allá de lo estrictamente electoral.

    No hemos aprendido a competir de manera democrática y en los límites de la elección, ahora cada candidato carga con un cuerpo de abogados para intentar ganar en la mesa lo que no pudo ganar en las urnas.

    Y mientras seguimos desangrándonos por una contienda que ya terminó, a la mayoría se le olvida que los problemas no esperan, que las necesidades son apremiantes, que miles de ciudadanos sufren porque nadie les da una solución.

    Es tiempo de mirar hacia adelante, de trabajar juntos, finalmente viajamos en el mismo barco y nadie se va a ir a vivir a otro lado. Hay que olvidar las diferencias y hay que hacer equipo, hay mucho trabajo por delante.

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