Las cosas han cambiado de una generación a otra. Apenas hace unas décadas, los niños podían andar en libertad en las calles jugando, paseando, haciendo mandados o practicando algún deporte, sin generar preocupación en sus padres y familiares mayores.
Muchos de esos niños crecieron y constituyeron sus propias familias, pero las circunstancias cambiaron en las últimas dos décadas y la actividad criminal empezó a acechar en barrios, en colonias, en comunidades y la primera reacción ha sido la de proteger a esas niñas y niños.
Sí, salen a las calles o espacios públicos pero ya no lo hacen solos, sino bajo la supervisión de un adulto cercano a ellos que se encuentran dentro de la familia. O salían, como ha ocurrido en el caso de Sinaloa.
Las infancias, que tiene parte de su encanto en cómo la personalidad se forja a partir de la libertad que llegan a ejercer, se han visto interrumpidas en casi dos años de violencia que se ha tenido en la entidad.
Las niñas, los niños y algunos adolescentes, no salen fácilmente de sus casas porque no se sabe en qué momento vaya a estallar algún tipo de conflicto y tal vez no haya un adulto que los proteja.
En zonas de alta incidencia delictiva, además, es difícil jugar en las calles que antes fueron los espacios de convivencia y de relaciones sociales, pues ahora, de un momento a otro, motocicletas o vehículos pasan a altas velocidades y sin ningún tipo de precaución hacia los peatones.
Pero lo peor de todo, es que a las niñas y a los niños les han robado esa capacidad de imaginarse y construirse sus propios mundos y se han visto obligados a incorporar a corta edad la mayoría de los conceptos que enmarcan la violencia cotidiana de la entidad.
Es verdad que la realidad no puede ocultarse, pero esa realidad que hoy se vive no debería existir si se hubiera tenido la capacidad de contener las actividades criminales de los grupos en pugna, y hasta ahora, el avance ha sido muy lento.
Ojalá que las autoridades piensen cómo restaurar en las infancias lo que la violencia hasta hoy les ha arrebatado.