La lección ignorada del malecón

12/10/2026 04:00
    Cada metro ganado al mar es una amenaza latente para el futuro de la infraestructura turística del puerto. Seguir tratando la erosión costera como un simple contratiempo de mantenimiento vial es un acto de irresponsabilidad

    Por años, las páginas de Noroeste han servido como bitácora de una advertencia tan repetida como ignorada: la naturaleza no negocia con el concreto.

    Hoy, los desprendimientos en el malecón de Mazatlán y la aparición de socavones erosionados por el oleaje no son un accidente fortuito ni un evento imprevisto: son la factura inevitable de décadas de planeación urbana miope y complicidad institucional.

    El malecón, joya y orgullo de la ciudad, se ha transformado en la vitrina de una contradicción costosa. Mientras las autoridades invierten millones en remodelaciones superficiales, embelleciendo la superficie sin resolver la estructura ni respetar la dinámica marina, las olas continúan desgastando lo que encubre el pavimento.

    Pero el problema no termina en la Avenida del Mar. En la Zona Dorada y toda la línea de playa hacia Cerritos el avance voraz de las torres de condominios y desarrollos hoteleros ha estrangulado la línea de playa, privatizando el paisaje y destruyendo las dunas costeras que servían como la defensa natural más efectiva contra el embate del océano.

    Especialistas, oceanólogos y ambientalistas han señalado hasta el cansancio que alterar la franja de amortiguamiento playero para complacer al capital inmobiliario representa un riesgo para la seguridad de residentes y turistas. Cada metro ganado al mar es una amenaza para el futuro de la infraestructura turística del puerto.

    Seguir tratando la erosión costera como un simple contratiempo de mantenimiento vial es un acto de irresponsabilidad. Mazatlán necesita con urgencia pasar del parche cosmético a una política de desarrollo costero basada en la ciencia, donde el crecimiento económico no se construya a expensas del entorno natural. El mar está reclamando su espacio, y pretender ignorarlo no detendrá la marea.