La lección inconclusa del ‘Maquío’

01/10/2026 04:00
    Aún nos falta ciudadanizar la política de forma permanente y llegar a la democracia que ‘Maquío’ Clouthier soñaba, aquella que no terminaba con el voto, y exigía una vigilancia constante y exigente al poder, sea del color que sea

    A 37 años de la trágica muerte de Manuel Clouthier del Rincón, “El Maquío”, ocurrida el 1 de octubre de 1989, su figura no pertenece a las páginas estáticas de la historia, sino a las materias pendientes de la vida pública mexicana.

    En un México que en 1988 crujía bajo el peso del régimen de partido único y la sospecha de la “caída del sistema”, el líder sinaloense irrumpió en el contexto nacional no como el típico político, sino como un vendaval de pragmatismo, vehemencia y ardor ciudadano.

    La principal aportación del “Maquío” a la nación trascendió las urnas o las siglas partidistas. Su gran mérito fue sacudir la apatía colectiva y demostrar que la democracia no era un regalo del poder, sino una conquista de la sociedad civil.

    Con su estilo llano y lleno de convicción, entendió que el contrapeso institucional requería resistencia pacífica, desobediencia civil legítima y una exigencia insobornable de transparencia electoral. Clouthier le enseñó a México a no tenerle miedo al Estado y a arrebatarle al monopolio político la narrativa del futuro.

    Sin embargo, el aniversario de su partida obliga a un examen de conciencia sobre el camino que él ayudó a trazar. Conseguimos el acceso a la competencia política y la alternancia, pero nos quedamos a medio camino en la consolidación de sus ideales.

    Aún nos falta ciudadanizar la política de forma permanente y llegar la democracia que él soñaba, aquella que no terminaba con el voto, y exigía una vigilancia constante y exigente al poder, sea del color que sea.

    En el México contemporáneo, acechado por la violencia, la impunidad y el cinismo institucional, el verdadero homenaje al Maquío no son las ofrendas florales ni las estatuas, sino la valentía de exigir instituciones sólidas, contrapesos reales y una vida pública limpia.