La lógica partidista

14/04/2021

    Las reglas de la democracia deberían quedar claras y en el entendido de que se aplica para todos para garantizar equidad en las contiendas electorales.

    Sin embargo, hay quienes están dispuestos a encontrar esos resquicios, esos espacios incompletos para tomar ventajas sobre los otros y vulnerar el sentido de equidad de una democracia.

    No es una práctica que apenas se esté estrenando, pues los órganos electorales, nacional o locales, así como los tribunales, se han encargado de dirimir las disputas que se generan entre la obligación de respetar la ley y la intención de las organizaciones partidistas de violentarla.

    O acaso, ¿alguien no recuerda esos momentos en que se ha sancionado el reparto de dinero en tarjetas?, ¿o de cómo un proceso interno de partido con candidato único se convierte en una exposición prolongada del aspirante, más allá de los tiempos legales de promoción?, ¿de cómo los partidos políticos interpretan la paridad de género y de qué manera deciden postular a mujeres?

    En la lógica de la Ley, todos los actores políticos deberían adaptarse a lo que las reglas del juego imponen para que todos compitan en igualdad de circunstancias. En la lógica de los actores políticos, el juego es encontrar esos espacios no escritos para interpretarlos a su modo y tomar ventajas sobre los otros.

    Eso no es democracia. Y México no debería de estar discutiendo eso. Pero lo sigue haciendo, con actores y partidos políticos dispuestos a romper las reglas y a extender juicios que diluyan las sanciones. Y con espectadores, los menos, con la disposición a desgastar las palmas de sus manos para aplaudir las prácticas corruptas.

    México necesita refinar su democracia, pero no en el sentido de cómo evitar que los partidos políticos y sus administradores hagan trampa, sino cómo generar condiciones para que la igualdad que promueve en la contienda, llegue a la igualdad para todos los ciudadanos.

    Cuando eso ocurra, las elecciones y las selecciones, se apostará por la inteligencia y no por la trampa.