Este sábado Sinaloa vivió una nueva jornada de violencia con un hecho que indignó y lastimó todavía más a la ciudadanía.
Un ataque armado, en un domicilio de Prados del Sur, terminó en el asesinato de Juan Alejandro, un bebé de 16 meses de edad, y otro adulto, además de otras dos personas heridas.
El crimen, a todas luces atroz, y cómo se cometió, revela varios detalles que decepcionan y muestran cómo es que después de casi dos años de guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, no hay muchas garantías, ni prevención, ni dificultades para los criminales.
La primera es que pese a la cantidad increíble e histórica de policías y militares, las células armadas de las facciones siguen moviéndose con total impunidad, armados y cometiendo crímenes y agresiones, por toda la ciudad sin que se les complique más allá del tiempo, el tráfico y el costo de la gasolina.
La segunda es la nula consideración de los agresores, que siguen atacando con armas de fuego grupos de personas sin pensar en menores de edad, mujeres o adultos mayores, maldad en estado puro y odio absurdo.
Lo triste es que Juan Alberto nació después de que comenzó esta guerra entre grupos criminales, no alcanzó a entender qué pasaba y murió en medio de la violencia y la sinrazón.