Los miles de migrantes de Marruecos que atravesaron la frontera para entrar en Ceuta, uno de los territorios de España en África, regresaron a su país al día siguiente, en una de las acciones más sorprendentes que hayan ocurrido en los últimos años en materia de migración internacional.
El suceso en sí tiene una difícil explicación y sólo se ha ido aclarando poco a poco, según van trascurriendo los días, pero se corre el riesgo de no encontrar una explicación que responda a todas las preguntas que provocó el asalto multitudinario.
Lo primero que hay que entender es que Ceuta, junto con Melilla, son dos territorios españoles de apenas unos kilómetros cuadrados que se encuentran en la costa de África, incrustados en territorio de Marruecos y separados físicamente de España por el estrecho de Gibraltar.
De ahí que los migrantes de origen Marroquí salten la barda o naden para entrar a Ceuta y después soliciten asilo, para después viajar a territorio continental español.
Los intentos por entrar son cotidianos, un juego trágico entre policías españoles y migrantes, pero lo que sucedió el pasado jueves fue histórico: más de 60 mil migrantes entraron de golpe, derrumbando cualquier defensa policiaca, lo que demuestra que nada se puede hacer contra una turba.
Hoy se sabe que la mayoría de los jóvenes migrantes leyeron en las redes que la “frontera estaba abierta” y decidieron abandonar su país. Al entrar en Ceuta se dieron cuenta que todo era mentira, además no encontraron cómo alimentarse así que dieron la media vuelta y regresaron a Marruecos.
Cuesta trabajo creer que el gobierno de mano dura de Mohamed VI no pudo hacer nada para evitar la llegada de miles de migrantes a Ceuta. Por lo menos, los españoles creen que no hizo nada para evitarlo.
De comprobarse que el rey marroquí permitió la avalancha sobre territorio español no sería la primera vez que los migrantes son utilizados como un arma, Fidel Castro lo hizo en 1980, en el llamado Éxodo de Mariel, cuando permitió la salida de 125 mil cubanos rumbo a Miami.