No adelantar campañas

19/01/2026 04:00
    Dice el Mandatario que nadie se le ha acercado “formalmente” para pedir permiso de aparecer en las boletas. La palabra clave es esa: formalmente. Porque en la política sinaloense casi todo ocurre primero en los cafés, en los grupos de WhatsApp y en las giras disfrazadas de trabajo institucional. Ahí, donde las selfies sustituyen a los informes y los eventos públicos se convierten en pasarelas de aspirantes.

    El Gobernador Rubén Rocha Moya salió a recordar lo obvio: que los tiempos electorales existen y que su Gabinete no puede andar en campaña como si el 2027 estuviera a la vuelta de la esquina.

    El mensaje suena a regaño preventivo, pero también a confesión involuntaria de que el hormiguero ya se mueve.

    Dice el Mandatario que nadie se le ha acercado “formalmente” para pedir permiso de aparecer en las boletas. La palabra clave es esa: formalmente. Porque en la política sinaloense casi todo ocurre primero en los cafés, en los grupos de WhatsApp y en las giras disfrazadas de trabajo institucional. Ahí, donde las selfies sustituyen a los informes y los eventos públicos se convierten en pasarelas de aspirantes.

    Rocha advierte que no están en tiempo y que cualquier adelanto puede traer sanciones del INE. Tiene razón en el papel. En la práctica, el límite entre gobernar y promoverse es delgado.

    El problema no es sólo jurídico, sino ético. Un funcionario que usa la estructura del Gobierno para placearse no le roba votos a la Oposición, le roba tiempo y recursos a la gente.

    Y en un estado con violencia, desplazados y servicios públicos cojeando, lo último que se necesita es un Gabinete jugando a las vencidas por candidaturas que ni siquiera existen todavía.

    Mientras desde Palacio de Gobierno se pide prudencia, afuera ya hay destapes sin pudor.

    El 2027 se mira lejos, pero la clase política sinaloense padece miopía selectiva: ve clarito la próxima elección y borroso el presente. Rocha intenta poner orden, aunque su llamado suena más a campanazo de recreo que a toque de queda.

    La gran duda es quién le hará caso. Porque en este trópico político, cuando el Gobernador dice “no es tiempo”, muchos traducen: “todavía no, pero vayan calentando motores”. Y en los pasillos del poder ya hay varios con el motor encendido y el cinturón desabrochado.