Normalidad

20/08/2026 04:00
    La sociedad de Sinaloa y sus comunidades merecen ya el regreso de su normalidad, esa que les ha permitido convivir y fortalecer lazos con sus prójimos; esa, en la que las tardes de calor extremo se hacen más llevaderas mientras se salen de sus casas; esa, en la que hasta en las noches se puede solucionar algún olvido.

    Suman ya casi dos años en que la violencia estalló en Sinaloa por la disputa de facciones del crimen organizado que han llevado su lucha a las calles de los diferentes municipios de la entidad.

    Han sido dos años en que la vida de las y los sinaloenses se han trastocado y por ahora no se sabe cuándo podrá volver a su normalidad.

    Porque en muchas zonas, las tardes de bullicio en los barrios hoy están enmarcadas por el silencio de las familias que prefieren mantenerse bajo resguardo.

    Y las tardes de banqueta durante el calor, hoy son espacios abandonados, porque nadie quiere exponerse a la violencia que sigue acechando la tranquilidad de la sociedad.

    Los negocios a los que fácilmente se frecuentaba durante las noches, ya no han abierto más y solo unos cuantos siguen operando. Las taquerías y las cenadurías reciben a sus clientes, pero rara vez hay turno de espera para ser atendidos.

    Y las compras de último momento ya no se dejan hasta el último, pues se prefiere aprovechar la luz del día para salir a la calle y evitar algún incidente, aunque nunca se sabe en qué momento se podrían presentar.

    El ritmo habitual de las ciudades y de las comunidades se ha ido perdiendo mientras la violencia ha impuesto su ley sobre ellas.

    Y han sido dos años en que la dinámica de convivencia social, con las interacciones en los espacios comunitarios, en los negocios y los sitios públicos, ha sido trastocada por las acciones del crimen organizado.

    La sociedad de Sinaloa y sus comunidades merecen ya el regreso de su normalidad, esa que les ha permitido convivir y fortalecer lazos con sus prójimos; esa, en la que las tardes de calor extremo se hacen más llevaderas mientras se salen de sus casas; esa, en la que hasta en las noches se puede solucionar algún olvido.

    La normalidad aún no ha sido devuelta y la violencia sigue vigente en Sinaloa, en una región u otra. Pero ya es tiempo de que las autoridades de los tres niveles de Gobierno se atrevan a restablecerla, pues nadie aguanta más seguir cambiando sus rutinas, a cambio de nada.