En términos globales, el Gobierno de México destaca cómo la incidencia de algunos delitos en México ha ido a la baja en los últimos meses, como la tasa de homicidios que presenta de manera frecuente en las conferencias de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Pero el manejo de las cifras globales importa poco en comunidades pequeñas, donde quienes la habitan saben que los delincuentes siguen operando con impunidad y que hay delitos y hay víctimas a las que la justicia no les llega, ni les va a llegar.
Y sí, el Gobierno de México apuesta porque esas cifras, globales, sean un indicador de que el propósito de pacificar al País va por el camino que se ha trazado, aunque en el nivel comunitario la historia sea diferente.
Porque aunque es importante, por ejemplo, que la tasa de homicidios sea hoy más baja que los meses anteriores, lo que significaría que hay menos asesinatos en todo el País.
Pero esa proyección general de la situación de inseguridad en México no tiene ni el impacto ni la credibilidad suficiente en comunidades como las que tiene Sinaloa, donde los homicidios se presentan de manera frecuente y las desapariciones forzadas por el crimen organizado también.
En esos poblados, se escucha de personas asesinadas, de personas desaparecidas, de personas agredidas por los integrantes del crimen organizado, y los hechos no pasan de ser anecdóticos.
Porque las víctimas y sus deudos, se quedan a la espera de que haya una autoridad comprometida porque la justicia sea pronta y expedita y que los responsables, en lugar de seguir en las calles y en los caminos, cumplan con los castigos que los códigos establecen.
Qué bueno que en el País se pueda hablar de que hoy hay menos homicidios que meses atrás. Lo malo, es que la autoridad sigue estando rebasada por los delitos que se siguen acumulando y por lo tanto, la justicia para las víctimas y sus familias, se sigue dilatando.