Mantener los espacios públicos en buen estado no solo es responsabilidad de las autoridades, sino que requiere de la participación de todos para que su vida útil se prolongue lo más que se pueda.
Pero también, corresponde a las autoridades dar las herramientas suficientes a la población para que entiendan la importancia de que los espacios se mantengan en buen estado.
Y esa situación aplica para cualquiera de los espacios que se comparten entre todos y que además de extender su utilidad, ayuda a prevenir contingencias cuyos resultados pueden ser lamentables.
Por la temporada, importa que en el mantenimiento de los arroyos y canales pluviales no solo las autoridades se comprometan al traslado de maquinarias para garantizar el flujo adecuado del agua de las lluvias.
Se necesita que también la población contribuya a mantenerlos limpios y a que esos lugares no se conviertan en tiraderos públicos de todo tipo de desechos.
Pero la corresponsabilidad debe ir más allá de lo que ocurre en una temporada, y tiene que ver con la calidad de la formación de habitantes comprometidos con su entorno.
Porque de poco sirve que las autoridades limpien esos espacios y adviertan de sanciones a quienes ensucien y contaminen si a los directamente involucrados no se les explica lo que deben hacer y cómo deben hacerlo.
Y de poco servirá también, si la comunidad no se involucra en los trabajos de mantenimiento de esos espacios, como la limpieza de canales y arroyos, porque esperarán a que sean otros los que lleguen y se lleven los desechos.
Y ahorita solo es el tema de los lugares que se ven afectados cuando caen lluvias copiosas, como las de días recientes, pero hay otros espacios que también requieren del compromiso de la sociedad para que sigan funcionando.
Si no se les forma, no se les toma en cuenta y no se les involucra, no habrá presupuesto ni maquinaria suficiente para mantener los sitios de uso común en las condiciones que la población se merece.