"Agustín Carstens podría ser el siguiente gobernador del Banco de México pero cuenta con dos características que empañan dicho nombramiento: es un subordinado del Presidente, y dos, carece de confianza"
Melissa Sánchez
De acuerdo al Artículo 28 de la Constitución el objetivo prioritario del Banco de México es "procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional" y esto lo logra por dos vías: el manejo adecuado de los instrumentos técnicos que tiene a su alcance, tasas de interés, reservas, etcétera; y la generación de confianza en las comunidades económica y financiera nacional e internacional.
Es importante la presencia de ambos, pues la ausencia o mal manejo de uno de ellos puede finalmente conducir a que se pierdan ambos.
Precisamente por ello es importante la designación de los integrantes de la Junta de Gobierno del Banxico y, particularmente, del gobernador, que es el que más presencia pública tiene.
Hoy martes, en la última sesión del periodo, el Senado de la República seguramente ratificará la designación de Agustín Carstens como nuevo integrante de dicha Junta, abriendo así la puerta para que el Presidente Felipe Calderón lo designe gobernador, en lugar de Guillermo Ortiz.
Sin duda Carstens tiene los méritos profesionales y reúne los requisitos formales para ocupar el puesto, pero también tiene dos características que empañan dicho nombramiento, ponen en riesgo a la institución y, por ende al País: es actualmente un subordinado del Presidente y, como tal, contempla que "él está para ayudarle al señor Presidente"; y, dos, sus declaraciones y actuación como Secretario de Hacienda no fueron muy afortunadas, por lo cual no goza de la confianza de segmentos importantes de la población.
Así la designación de Carstens como gobernador pone en riesgo el buen manejo de la segunda vía de la que hablaba en el primer párrafo.
La buena conducción del Banco de México ha sido uno de los elementos centrales, si no el elemento, para mantener la estabilidad económica en el país en los últimos dos sexenios.
Los sobresaltos sexenales que se hicieron comunes en los últimos cinco gobierno priistas, terminaron en gran parte porque, a partir de la llegada al poder de Vicente Fox, el banco central hizo valer plenamente su autonomía y decidió la política monetaria nacional con criterios técnicos y profesionales y no por los intereses políticos del titular del Ejecutivo.
Aunque formalmente fue durante el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando el Congreso aprobó la autonomía del Banco de México, en realidad ésta se consumó hasta diciembre del año 2000, cuando asumió la Presidencia de la República, Vicente Fox y los cinco miembros de la Junta de Gobierno, se sintieron libres compromisos con el presidente en funciones y tomaron sus decisiones con absoluta libertad.
Fue hasta ese momento en que el gobernador de Banxico nunca había trabajado para el Presidente en turno.
Antes Carlos Salinas de Gortari, nombró a Miguel Mancera y Zedillo hizo exactamente lo mismo que hoy hace Calderón, envió a su Secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz.
Entre los aciertos de Fox está su decisión de ratificar en el cargo a Ortiz, lo que permitió mantener una sana distancia entre el Ejecutivo y Banxico, aunque en diversas ocasiones fueron manifiestas las diferencias entre ambos, como también han sido evidentes con Calderón, e incluso, con el mismo Carstens, que hoy es propuesto para asumir dicho puesto.
Pero además Carstens, no goza de toda la confianza entre los inversionistas y población en general, en parte por la difícil situación económica que le tocó enfrentar, pero también por varias desafortunadas declaraciones como la del "catarrito" cuando a EU le daba pulmonía o sus defensas acerca del manejo y la profundidad de la recesión en México, particularmente al inicio del año en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, de que la recesión en México no sería tan grave, como finalmente ocurrió o hace unas semanas cuando criticó las declaraciones del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.
Esto, también se manifiesta en las encuestas de opinión pública, como lo muestra la de noviembre de Consulta Mitofsky, que indica que el 57 por ciento de la población piensa que el rumbo del país es equivocado contra sólo un 36 por ciento que piensa que es el correcto.
O el resultado de la encuesta de Reforma, publicada el 1 de diciembre, donde el 56 por ciento considera que el Presidente Calderón está manejando mal la economía del País contra un 20 por ciento que manifiesta una opinión favorable.
Y aunque el aumento en los impuestos siempre es mal recibido, lo que más dudas provoca del manejo económico es que mientras en todo el mundo se busca la forma de inyectar dinero a la economía por la vía de recortes de impuestos, devoluciones de los ya devengados o simplemente incrementar el gasto público, México va a contracorriente.
En el corto plazo la llegada de Carstens a Banxico, puede convertirse en un ingrediente negativo para el desarrollo de la economía nacional.
Algo similar a lo que sucedió en meses pasados en Estados Unidos, donde cada declaración del actual Presidente del Banco de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se veía sucedida por jornadas negativas en los mercados de valores y financieros; contrario a lo que sucedía con el anterior presidente, Alan Greenspan, cuyas apariciones inyectaban certidumbre y confianza.
Prolongar el mandato de Ortiz otros seis años tampoco era recomendable, pues llegaría a 18 en total; pero Ortiz y Carstens no eran las únicas opciones disponibles, bastaba voltear a la actual Junta de Gobierno del mismo banco para encontrar buenos candidatos.
Sin embargo, Calderón decidió nuevamente apostar por uno de sus subordinados, como lo ha hecho en el resto de los nombramientos de los órganos de gobierno de los organismos autónomos, como lo muestran el caso del Instituto de Estadística, Geografía e Informática, a donde envió a su entonces Secretario de Economía, Eduardo Sojo; el de los comisionados del Instituto de Acceso a la Información Pública Gubernamental, a donde propuso a la secretaria técnica del Consejo de Seguridad Nacional, Wanda Sigrid Arzt Colunga; y, ahora, en Banxico a su Secretario de Hacienda.
Para que el escenario se concrete todavía falta la aprobación del Senado, pero los antecedentes indican que así será, así que hay que voltear los ojos hacia el diseño institucional y prohibir en la legislación que el Presidente pueda proponer para dichos cargos a quienes hayan ocupado un cargo en el Gabinete durante el Gobierno en turno o en los últimos 10 años.
Una disposición que permita salvaguardar la autonomía y, por ende, la esencia misma de los organismos autónomos.