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"Estrictamente personal"

"Al no ir Tello Peón al gabinete, el Presidente electo tuvo que echar mano del entonces director de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna"

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14/12/2008 00:00

    Claudia Beltrán/Marcos Vizcarra

    Tello Peón: el poder oculto

    Impulsado por los empresarios, en particular los regiomontanos que tanto lo ayudaron en su campaña, el entonces Presidente electo Felipe Calderón pensó en Jorge Tello Peón como su Secretario de Seguridad Pública federal. Tello Peón, que había dejado el Gobierno federal como Subsecretario de esa Secretaría, en cuyo periodo se fugó en sus narices Joaquín "El Chapo" Guzmán de la prisión de máxima seguridad en Puente Grande, trabajó con Calderón hasta la víspera de la toma de decisión cuando declinó el cargo. Su precipitado repliegue generó un problema de mayores proporciones en su gabinete de seguridad, cuya designación tuvo que ser aplazada y la baraja de nombres renovada.
    Al no ir Tello Peón al gabinete, el Presidente electo tuvo que echar mano del entonces director de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna, que se preparaba para la construcción de una policía nacional desde ese cargo, y hubo un nombramiento inesperado en la Secretaría de la Defensa, cuando el General Guillermo Galván se enteró de su designación por teléfono, mientras iba en su automóvil, 45 minutos antes de ser anunciado el gabinete de seguridad.
    Como García Luna, el General Galván no estaba predestinado para ese cargo. Las piezas del entonces Secretario, el General Clemente Vega García, eran Juan Alfredo Oropeza Garnica, jefe de la Octava Región Militar, con cabecera en Oaxaca, y Javier del Real Magallanes, viejo amigo de Tello Peón, quien era el jefe de la Cuarta Región Militar, con cabecera en Nuevo León.
    Tello Peón le provocó un dolor de cabeza a Calderón, y se pensó que jamás volvería a ser considerado para el gobierno en el sexenio. Sin embargo, una vez más los empresarios regiomontanos, respaldados por la principal cadena de televisión mexicana, puso su carta sobre la mesa cuando sintieron que el conflicto entre García Luna y el Procurador General, Eduardo Medina Mora, había llegado a un grado donde la seguridad del Estado se encontraba paralizada.
    El Presidente Calderón no encontró en la secretaria técnica del Consejo de Seguridad Nacional, Sigrid Artz, una buena mediadora. En parte, era pedirle demasiado, pues su carrera la había hecho en la academia, el CIDE y la Universidad de Miami, con un paso rápido por las áreas de seguridad como secretaria particular del entonces Procurador General Antonio Lozano Gracia, y una asesoría en el Cisen. Tello Peón le significaba a Calderón: era y se sentía tutor de García Luna desde sus tiempos en el Cisen, y tenía una gran amistad con Medina Mora, reforzada por los enlaces empresariales. No lo pensó demasiado. En octubre pasado, lo invitó a ser su asesor de seguridad.
    Aunque Tello Peón, que aterrizó en Los Pinos después de haber servido como jefe de seguridad de Cemex, insistió en diversos círculos que su trabajo no era hacia el exterior de la Presidencia, sino la articulación interna en apoyo a Calderón, pocos le creyeron. El último golpe de timón lo dio la semana pasada, cuando impuso, sin consultar al General Secretario Galván, el nombre de Del Real Magallanes para sustituir a Facundo Rosas en la Subsecretaría de Estrategia e Inteligencia de Seguridad Pública Federal.
    El Presidente, que apenas unos días antes había elogiado inusualmente a García Luna, permitió la estocada. No había sido la primera. Previamente, cuando Calderón tomó la decisión de cambiar a Guillermo Valdés como director del Cisen, le pidió a García Luna un candidato. Estaba listo el relevo, pero Tello Peón, en su primera acción decisiva en Los Pinos, tumbó el nombramiento. El cambio de Valdés finalmente se pospuso, pero será cuestión de tiempo.
    Tello Peón, con enorme fuerza, sigue avanzando. Dentro de Los Pinos está trenzado en un conflicto con Artz, cuyo desenlace ha visto discusiones de poder tales como quién de los dos presidiría las reuniones con los jefes de seguridad cuando se realizaran en Los Pinos. Como ni el Presidente definió jerarquías ni resolvió aspectos tan sensibles, por los egos, como esos, la solución fue salomónica: apretados en un costado de la mesa de reuniones, ambos presiden los encuentros. Pero Artz lleva todas las de perder, por la experiencia y alianzas externas de Tello Peón, que quiere volar alto.
    Este nuevo poder oculto en Los Pinos abreva fuerza de los empresarios regiomontanos, que le permitieron golpear a su pupilo García Luna y bloquear la llegada al Cisen de un viejo colega en las áreas de inteligencia, y que lo querían promover como Secretario de Gobernación tras la muerte de Juan Camilo Mouriño. La fortaleza de su posición se subrayó con el desafío y derrota del General Galván al imponer a Del Real Magallanes como cuña de García Luna.
    Tello Peón parece incontenible, como si quisiera recuperar el tiempo perdido desde que declinó entrar al gabinete, con la fuerza que tiene como extensión, por supuesto, la mano del Presidente.

    r_rivapalacio@yahoo.com