Héctor Tomás Jiménez
El amor es un sentimiento que nos alimenta el espíritu y nos mantiene unidos a los seres humanos, y por lo mismo, requiere de un lenguaje muy especial que debe ir acompañado de mensajes corporales como la mirada atenta, la sonrisa amable y el saludo tierno, así como de actitudes que denoten sentimientos adicionales y complementarios como son la ternura, la paciencia, la tolerancia y el respeto.
En muchas ocasiones asumimos lenguajes corporales negativos y caemos en ciertas actitudes que sólo nos complican y dificultan la comunicación y la manifestación plena del amor, por lo que si realmente queremos aprender a hablar con el lenguaje del amor, debemos empezar a pensar muy seriamente en hacer los cambios necesarios de nuestras actitudes. Para ello, es necesario observar algunos puntos y hacerlos un hábito de nuestras vidas. Estos puntos me fueron enviados por Internet, y solo me permití elegir algunos de ellos y recrearlos un poco para esta reflexión. Asúmalos usted como propios y vera los resultados.
Reaccionar adecuadamente. Cuando se reacciona intempestivamente, tal vez el verdadero motivo de la reacción que experimentamos sea originada por situaciones antiguas que ya han quedado en el pasado, pero que al recordarlas, consciente o inconscientemente, nulificamos a la otra persona.
El pasado es parte de la historia. Retomar rencillas o heridas del pasado para discutir sobre un incidente actual, nulifica que sanen las heridas. Aquí, el perdón es el mejor instrumento para una comunicación sana y armoniosa.
Evitar el uso de expresiones ofensivas. No debemos usarlas, ni con los demás, ni con nosotros mismos, pues con esas frases "devastadoras" que utilizamos a menudo y justificamos con frecuencia aún sabiendo que llegan a la herida de la otra persona, a quien en realidad dañamos, es a nosotros mismos, a nadie más.
Dejar de sermonear. Sermonear sólo es una forma de persecución que agrede al otro, obligándolo a que te escuche, manipulando la conversación y haciendo que se comporte como tú deseas. Una buena comunicación requiere siempre de al menos dos.
Hacer a un lado la ironía y el sarcasmo. El uso de frases irónico-sarcásticas no sólo reviste de agresividad lo que se quiere decir, sino que hace que la comunicación se transforme en violencia. Son mejores las palabras llanas y sencillas que hacen alusión al amor, a la amistad y al respeto mutuo.
Aceptar que la razón puede estar de ambos lados. Luchar por "tener la razón" es luchar por tener el poder en la conversación, lo cual te aleja de los demás. "Ganar una pelea" por medio de la razón no te hará feliz, es mejor seguir el principio de "ganar-ganar", es mucho más gratificante.
Evitar las justificaciones. Dice el refrán que "A explicación no pedida, acusación manifiesta", por lo que hacer aclaraciones que no se han solicitado, demuestra que te estás sintiendo atacado, por lo que te defiendes "a priori" en una reacción que es producto del miedo y la frustración. Recuerda, el que se justifica pierde.
Abstenerse de censurar los sentimientos ajenos. Si respetas los sentimientos de los demás, compartiendo los propios y explorando lo que yace en el fondo, podrás conocer un poco mejor a la otra persona, entenderla y brindarle tu apoyo. Recuerda que nadie es infalible. Frecuentemente debemos practicar la prudencia y ceder para llegar a un acuerdo.
Hablar con mesura y sin levantar la voz. El Amor nunca grita, por el contrario, susurra. Generalmente no nos damos cuenta, pero cada vez que hablamos a gritos, estamos agrediendo a nuestro interlocutor. ¿Para que disfrazar mensajes? Es mejor hablar con claridad, transparencia y verdad. Expresarse mediante "indirectas" verbales no conduce a nada bueno.
Dialogar, sin discutir. Aunque discutir es un sano intercambio de opiniones, no un pleito verbal, es mejor siempre el dialogo constructivo. Detrás de toda discusión que se ha hecho repetitiva, generalmente se esconde un motivo totalmente distinto al que aparentemente generó la discusión, pero del cual no se expresó nada en el momento adecuado, y resulta evidente que aún quedaron cosas por decir.
Como humanos, nuestra misión es volver al amor, volver a ser mensajeros del amor. Para provocar amor a nuestro alrededor, simplemente debemos dar amor. No debemos contaminarnos con el virus de la ausencia del amor, que es donde se instala el miedo. Nuestra vida es como un eco, sólo repite lo que decimos, es como un espejo, refleja nuestra propia imagen, es como un boomerang, nos devuelve todo lo que le hemos enviado. Por todo ello, debemos aprender el lenguaje del amor. JM, Desde la Universidad de San Miguel.
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