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La noche del jueves pasado se festejó con un brindis la entrada de Televisa a la telefonía móvil a través de la adquisición de acciones de Iusacel. Presidieron el jolgorio los presidentes de ese consorcio, Emilio Azcárraga, y el del Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego. Sus empresas habían reaccionado iracundas contra el autor de esta columna semanas atrás, después de que el 23 de enero se dio cuenta aquí de la operación que dejaría en manos de Televisa la empresa de telefonía celular de Salinas.
"El espectro de Iusacel no está, ni estará en venta, y no ha pasado ni pasará de manos de ninguna otra compañía", áfirmó contundente Jaime Ramos Rivera, director de comunicación corporativa de Grupo Salinas. Por su parte, Manuel Compeán, con un cargo similar en Televisa aseguró, con semejante rotundidad, que era "absolutamente falso", que ese consorcio hubiera adquirido la totalidad de las acciones de Iusacel, como afirmé por mi parte. A la luz de la información oficial que hoy comprueba la participación de Televisa en la telefonía celular, ese consorcio tendría que reconocer que mi afirmación no era "absolutamente" sino, cuando mucho, sólo "relativamente falsa", pues Azcárraga será dueño de por lo menos la mitad de las acciones y tendrá pronta posibilidad de ejercer el control en la empresa telefónica.
Ante los irritados desmentidos de las televisoras que integran el duopolio, pedí disculpas a los lectores. Pero no negué el hecho cuya existencia tenía entonces por cierta, y que 10 semanas después ha sido confirmado por las partes. En aquel momento confesé haber incurrido en "dos errores profesionales. En primer lugar, me dejé llevar por el afán de dar a conocer una primicia, una noticia exclusiva en un ámbito de gran importancia pública, línea infrecuente en mi habitual trabajo de información y análisis.
"En segundo lugar, como lo señalan los desmentidos a los que en este punto reconozco plena razón, no inquirí a las partes sobre el hecho, omisión motivada por la firme confianza que me merece la fuente de que abrevé esta información".
Ese reconocimiento no implicó que me desdijera de lo dicho. No rectifiqué, pues el acuerdo para que Iusacel pasara al control de Televisa, como ahora ocurrirá, consta en una declaración de intención que se consuma ahora. El 21 de diciembre de 2010 había sido suscrita por funcionarios de ambas partes. Se enmarcaba en el comienzo del concurso mercantil solicitado por Grupo Iusacel y Grupo Iusacel celular, procedimiento jurídico que concluyó la semana pasada, justo a tiempo para admitir en público las nupcias por conveniencia de Televisa y Grupo Salinas.
Éste había adquirido la firma fundada por la familia Peralta a precio de ganga, pues se hallaba muy endeudada. Ese problema de origen no pudo ser resuelto por el nuevo propietario, y en cambio se multiplicó, según su propia explicación por la depreciación del peso frente al dólar, moneda en que estaban pactados los multimillonarios créditos en que Iusacel fundaría su recuperación. Al evidenciarse el fracaso porque el flujo de ingresos era insuficiente para enfrentar la deuda, Iusacel pactó con sus acreedores un convenio que sería sometido a la justicia mercantil.
Al establecerse el monto de los créditos y sus titulares, quedó claro que el mayor acreedor de Iusacell era el fondo de inversiones Fichtech, del financiero regiomontano David Martínez, especialista en comprar deuda a precios castigados. Ante el riesgo de que ese discreto inversionista se quedara con la telefónica, el Grupo Salinas buscó otra opción y la halló en Televisa.
Necesitado de entrar en la telefonía móvil (para completar su presencia en el suculento mercado de las telecomunicaciones, varios de cuyos campos domina), el consorcio Azcárraga lo había intentado durante todo el año anterior a través de asociarse con Nextel, alianza que obtuvo una importante porción del espectro radioeléctrico para telefonía celular en condiciones privilegiadas.
En octubre, sin embargo, Televisa pareció renunciar a participar en ese mercado y se retiró de su sociedad con Nextel, beneficiaria de un proceso de licitación (la licitación 21) objetado por razones diversas desde diferentes miradores, y que Iusacel combatió arduamente en los tribunales.
Televisa había buscado asimismo asociarse con Telefónica española, que opera aquí con la marca Movistar, pero la empresa dirigida por Francisco Gil, Secretario de Hacienda con Vicente Fox, encontró más conveniente llegar a un pacto con Telcel. En lo que se llamó "el acuerdo navideño", fijaron una tarifa de conexión que, aunque alta o por ello mismo, ofrece ventajas a ambas partes, que pueden imponerla a sus clientes que son al mismo tiempo sus competidores.
De ese modo, Televisa tenía en las manos dinero para entrar en la telefonía celular y Iusacel lo necesitaba. Aunque en apariencia son competidores, y a veces contienden en verdad respecto de ciertos contenidos, las empresas de Azcárraga y Salinas tienen más intereses en común que factores que los enfrenten y pactaron por eso, en diciembre, el acuerdo que ahora se consumará y evolucionará en beneficio de Televisa.
Pero este consorcio no dio cuenta del acuerdo esbozado con Salinas a las bolsas de valores en que se cotizan sus títulos. La de Nueva York exige rigurosamente a las empresas allí enlistadas que informen de las conversaciones que deriven en acuerdos susceptibles de afectar el valor de los títulos que se negocian en el mercado bursátil. Por eso la inmediata y violenta reacción de Televisa ante la información que ofrecí el 23 de enero. No puede admitir públicamente que mantuvo en secreto negociaciones que ahora florecen, pues queda expuesta a sanciones severas, como las que en otro tiempo y en otros casos hicieron al Grupo Salinas abandonar su presencia en Wall Street.
Por eso, como si las negociaciones apenas empezaran, el martes pasado Televisa dio a conocer a la bolsa neoyorquina su acuerdo con Iusacell, que en la víspera había recibido la primera de las dos sentencias que dan fin a los concursos mercantiles. Por efecto de esas resoluciones judiciales, se emiten nuevos bonos de deuda, algunos de ellos susceptibles de convertirse en acciones.
Ese será el camino que seguirá Televisa. Por esa vía invertirá 1565 millones de dólares, y añadirá 37.5 millones de dólares más como capital fresco para remozar el funcionamiento de Iusacel, que se ha quedado pasmado con una porción muy breve del mercado de telefonía celular. Los arrumacos que Televisa y Grupo Salinas practicaron discretamente en diciembre se consuman oficialmente en abril.
Los expertos se han extrañado del monto que Televisa está dispuesta a pagar, pues significa un sobreprecio respecto del valor real de una empresa sometida a deterioro. Los inversionistas reaccionaron con renuencia ante la decisión de Televisa e hicieron que sus acciones bajaran de precio hasta en 10 por ciento en los días inmediatos al anuncio de la operación.
La consumación de ese acuerdo entre los integrantes del duopolio de la televisión abierta ocurre en medio de la más fragorosa contienda empresarial que haya ocurrido nunca en México. Cada día sube de tono y se multiplican los espacios donde los gigantes de las telecomunicaciones defienden sus posiciones y sus intereses y se oponen con ardor a los de sus contrarios.
Televisa y Grupo Salinas ya estaban unidos para combatir a Telmex-Telcel en cuanto a las tarifas de interconexión, y ahora hacen causa común en otros terrenos. Como anticipo del acuerdo de propiedad, Televisa difunde desde hace semanas anuncios de Iusacel, mientras que TV Azteca (de Salinas también) expulsa de su pantalla a Disch, cuya exitosa presencia en el mercado de la televisión satelital afecta a Sky, perteneciente al grupo Azcárraga. Una campaña de ventas de Disch y Telmex es señalada como muestra de que la empresa telefónica de Carlos Slim viola su título de concesión.
En el duelo de mastodontes el Gobierno justifica su impasibilidad en la carencia o insuficiencia de instrumentos legales para regular a derechas las telecomunicaciones. Pero no ejerce los que tiene, y se muestra tímida y groseramente omiso ante la tentativa encabezada por MVS para ofrecer, según su propaganda, "banda ancha para todos", más rápida y más barata, es decir un servicio ventajoso para los usuarios, en los que nadie había pensado
El pasado presente.-Emilio Azcárraga Milmo murió el 16 de abril de 1997, lo cual quiere decir que el próximo sábado se cumplirán 24 años de la orfandad de Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa, cargo que asumió en vida de su padre, quien anunció el relevo un mes antes de morir.
Aunque es indiscutible su control sobre Televisa y otras empresas, el heredero enfrenta un conflicto relacionado con el testamento de su padre, y la porción de su fortuna dejada a Paula Cusi, que es legalmente su viuda, pues aunque El Tigre terminó sus días en convivencia con Adriana Abascal, no se había divorciado de la presentadora de televisión cuya hermosa figura se hizo famosa cuando leía los pronósticos del tiempo en las Veinticuatro horas de Jacobo Zabludovsky
"En su testamento (escribe Jenaro Villamil en El sexenio de Televisa) Azcárraga Milmo reconoció los derechos hereditarios de (Paula) Cussi, Adriana Abascal y de sus hijos. El documento dividió en partes iguales.(16.666 por ciento) su fortuna, correspondiente a las acciones que poseía en tres empresas ejes del consorcio: Grupo Televicentro, Grupo Triple C y Grupo Televisa.
Igual porcentaje le correspondió a Alejandra Patricia Azcárraga de Surmont, Ariadna Cristina Azcárraga de Surmont, Carla Laura Magdalena Azcárraga Jean y a su hermano Emilio Pablo Fernando Azcárraga Jean.
En el caso de Paula Cussi, El Tigre le heredó además los automóviles Rolls Royce, Bentlex Turbo y BMW 750, así como 'los derechos de acceso y uso de un palco en el Estadio Azteca, el que la legataria elija en primer término'.
A Emilio Azcárraga Jean, su primer hijo varón, le heredó además el 30 por ciento de la empresa Azteca Limited; y el 70 por ciento de la venta de los activos de esa empresa se terminó a favor de Adriana Abascal. El testamento estipuló que deben ponerse a la venta 'al mejor postor, lo que deberá efectuarse en un plazo no mayor de seis meses por conducto de su amigo George Michelson, quien percibirá como remuneración por su participación el 10 por ciento del producto de la venta'
"Azcárraga Milmo legó el 50 por ciento 'del terreno pedregoso ubicado en el barrio de Santa Úrsula', es decir, el Estadio Azteca, a su viejo amigo y socio Guillermo Cañedo de la Bárcena
"Sin embargo, el testamento no resolvió el problema fundamental de una empresa como Televisa, dependiente de la figura de un 'hombre fuerte' y con una desagregación de participación accionaria que pronosticaba desde 1996 una feroz batalla por el control del grupo.
" Azcarraga Milmo falleció el 16 de abril de 1997. Un año antes, en 1996, Azcárraga Jean tenía el 10 por ciento de Grupo Televisa, frente al 14 por ciento que detentaba su primo Alejandro Burillo Azcárraga, el 8.3 por ciento de Miguel Alemán Velasco que, sumado al 6.1 por ciento de su hijo Miguel Alemán Magnani daba el porcentaje más alto (14.4 por ciento) frente al 10.2 por ciento de los hermanos Juan Antonio y Guillermo Cañedo White y el 10 por ciento de Paula Cussi.
"Según el testimonio de Miguel Alemán Velasco, a fines de febrero de 1997 visitó a su amigo y socio, gravemente enfermo de cáncer, para que tomara medidas urgentes para la sucesión.
'Había varios candidatos para ocupar la cabeza de Televisa, rememoró Alemán Velasco, pero yo le expliqué a Emilio que ya me quería salir. Y me dijo que no: ¡tienes que comprar más acciones para ser el segundo accionista más importante después de Emilito. Entonces tuve que comprar más acciones. Mi hijo Miguel compró también
"El traspaso del mando ocurrió en una ceremonia televisiva. El 3 de marzo de 1997 El Tigre apareció en un video transmitido en el noticiario Veinticuatro horas. Notablemente disminuido, Azcárraga Milmo anunció que abandonaba el cargo como presidente de la empresa y en su lugar dejaba a su hijo, Emilio Azcárraga Jean y a Guillermo Cañedo White como presidente del consejo de administración.
"Esa duplicidad de funciones en la conducción de Televisa no fue sino la fórmula perfecta para el conflicto.
"Azcárraga asumió el mando en una situación de batalla similar al guión de la telenovela Cuna de lobos. El mayor problema, según los datos aportados en ese momento, era la vulnerabilidad financiera de Televisa. Oficialmente el grupo tenía una deuda de 1,480 millones de dólares, derivada en su mayoría de la compra de la participación accionaria de Rómulo O Farril en el Grupo Alameda, así como otra deuda de 320 millones de dólares con Laura Azcárraga, hermana de El tigre, madre de Fernando Díez Barroso, así como deudas con instituciones bancarias del orden de 200 millones de dólares. Todas estas deudas estaban respaldadas con acciones del propio Azcárraga Milmo en Televisa".
Mediante compras de acciones a los miembros de su familia, Azcárraga Jean mantuvo el control del consorcio. Pero todavía enfrenta un litigio civil con la que fue su madrastra, Paula Cussi Presa Matute, que se ha extendido ya por más de cuatro años.