"Bachelet ganó con más del 53% de los votos, convirtiendose en la primer mujer que asume este cargo en Chile. Lo que dice mucho de la nueva sociedad que tiene este país."
Teresa Gurza/NTX
Michelle Bachelet se convirtió ayer en la primera mujer en llegar a la Presidencia de Chile, al ganar por más del 53 por ciento de los votos, al candidato de la derecha Sebastián Piñera.
Algo dice de la nueva sociedad chilena, el triunfo de esta mujer no creyente, divorciada, y con tres hijos; que como cualquier ama de casa va al mercado y carga personalmente sus bolsas con la compra; que todos los días se levanta a hacer el desayuno a sus tres hijos antes de que se vayan al colegio; y que ni aun siendo ministra del gabinete de Ricardo Lagos, tuvo sirvienta de pie.
En el análisis de lo que pasó, hay que tomar sin duda en cuenta que más del 30 por ciento de los hogares tiene como jefe de familia a una mujer.
Porque ganó, pese a una campaña en la que desde la derecha se la atacó con todo.
Como muestra la siguiente "Frase del día", publicada en la primera plana del Mercurio del 29 de diciembre: "Bachelet y Lagos no tienen Dios; por lo tanto son hijos del diablo...Si votan por Bachelet están haciendo un pacto con el diablo".
La frasecita la dijo Antonio Garrido, Alcalde de Independencia, estando presente Joaquín Lavín miembro destacado del Opus Dei; candidato presidencial derrotado por el actual Presidente de este país, Ricardo Lagos hace seis años; y precandidato presidencial de la derecha hasta que hace un mes fue vencido por Piñera y se quedó sin pasar a la segunda vuelta.
Y aunque Bachelet lo acusó de hacer "uso político de la religión", el golpe ya estaba dado. Pero no fue suficiente para derrotar a quién hasta octubre de 2004, fue ministra de Guerra del presidente Lagos.
A partir del próximo 8 de marzo, Michelle encabezará el cuarto gobierno de la Concertación; organismo que reúne a los partidos que lucharon por la vuelta a Chile de la democracia; y que desde 1990 han llevado sucesivamente al poder, a los demócrata cristianos Patricio Alwin, y Eduardo Frei; y al socialista Ricardo Lagos.
La mayoría de los chilenos coincide, en que se extrañará a Lagos, que alcanzó niveles de verdadero estadista y una aprobación pública de más del 75 por ciento; y que supo hacer una de las mejores administraciones de la historia de Chile.
Para lograrlo, recurrió al diálogo; y ese trato permitió cambiar el concepto de enemigos políticos, por el de adversarios, cosa no menor en este país que aún no supera la polarización política, ni las heridas dejadas por la represión pinochetista.
Lagos tuvo la capacidad de unir al país tras objetivos comunes y asuntos claves, como la postulación de su ministro del Interior José Miguel Insulza a la presidencia de la OEA.
La forma de gobernar de Lagos modernizó y cambió a Chile; que hoy muestra desarrollos importantes en educación, salud, ciencia, urbanismo, exportación de productos pesqueros, ganaderos y agrícolas, carreteras, relaciones internacionales, y reformas constitucionales; pero que no ha podido combatir la desigualdad, ni buenos niveles para todos los chilenos en salud, educación y vivienda.
Para muchas de sus reformas, necesitó el acuerdo positivo con la derecha opositora. Eso no ocurrirá con Bachelet que tiene un congreso favorable, porque la izquierda ganó el 11 de diciembre la mayoría de las curules en ambas cámaras.
Tendrá por eso, mayor libertad de acción; pero también deberá enfrentar incluso a algunos de los grupos que la apoyaron.
Ya que mientras muchos de ellos temen que haga cambios más de izquierda que los de Lagos; otros, le exigirán cumpla promesas de campaña, como el esquirolaje, que es práctica común; y que no ha podido suprimirse por oposición de la derecha.
Deberá sobre todo probar que tiene capacidad para ser Presidenta; y eso incluye por supuesto, mantener el país en las condiciones de estabilidad, confianza, pujanza y desarrollo en las que lo deja Lagos.
Será necesario que logre mejoras rápidas y visibles en esos cuatro temas que Lagos dejó pendientes y que constituirán sus principales desafíos como Presidenta: el combate a la desigualdad; y otros niveles en la educación, salud, vivienda, y seguridad, a las que tienen acceso los más pobres.
Y tendrá que hacer todo eso, frente a una derecha fortalecida por la alta votación de Piñera, que piensa formar una "nueva coalición de centroderecha"; y frente a sectores de izquierda que o votaron en blanco, o le dieron un voto condicionado a compromisos políticos.
* La autora es periodista mexicana radicada en Chile.