"Belén de Judá"

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24/12/2013 00:00

    PREMIO

    El nombre de una lejana ciudad tiene una cita para ser pronunciado por el mundo, solamente en una fecha muy especial que sucede cada año en diciembre. No en vano el hecho histórico religioso es un símbolo para toda la humanidad, la cual se divide en dos, la creyente y la no creyente. Pero éste nombre, sólo se encuentra en dos ocasiones en el llamado nuevo Testamento, y lo escribieron, según lo dice la doctrina, Lucas, el apóstol intelectual, y Mateo, el apóstol santo.
    El primero escribió que, "obedeciendo el edicto para empadronarse del emperador romano César Augusto, José y María, subieron desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David"
    Mateo lo relata, "Nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempos del Rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el nacido Rey de los Judíos? Porque vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle"
    No hay Inge., más referencias sobre ésa célebre población que para siempre ha inscrito su nombre en la historia del mundo. ¿Cómo te imaginas a Belén de hace más de dos mil años, Inge? Cuenta su historia que debió haber sido un lugar de cruce de caminos que venían de la antigua Jerusalén hacia poblaciones aledañas, pues Belén está geográficamente a 9 kilómetros al Sur, y enclavada en las montañas de Judea. Su economía debió haber sido la ganadería, pues en el suceso del nacimiento sólo se habla de pastores que fueron adorar al niño que había nacido de María, y los pastores cuidaban de rebaños de ganado, y éste lo constituían corderos, borregos y animales domésticos.
    Debió haber sido un poblado pequeño, tal vez con servicios de hospedaje y alimentación para pasajeros temporales que iban a otras ciudades y pasaban por Belén. Así se narra, que no habiendo lugar para habitar, fueron llevados, José y su esposa María, que esperaba el nacimiento de su hijo, a una gruta donde había un pesebre y sobre éste, se depositó a aquel que treinta años después se reveló como el Salvador.
    Lo demás que se ve en los llamados nacimientos, son las imaginaciones que sobre el poblado han hecho los encargados de presentar escenarios convenientes al tradicionalismo occidental. Pero de eso, nada narran los que lo acompañaron en tu travesía alrededor del Jordán, y en los mares y montes, templos y lugares donde predicó, quien instauró un reino, todavía incomprendido por una humanidad que cree que a través de las guerras, puede encontrar su espacio de progreso y realización social.
    Aquella Belén, sólo la puede imaginar cada uno a partir de la pobreza de datos que se tienen sobre ella. Es más, parece ser que el propio Jesús no volvió a pasar por Belén, pues ni Juan, ni Marcos, ni los otros dos evangelistas, hacen referencia a que, el nacido en el pesebre, haya alguna vez cruzado en su correría por la región, llegar a Belén. Pareciera que Belén fue un accidente histórico y por tanto, parece ser el pueblo olvidado en la Biblia.
    En la Iglesia, es común que la santidad alcanzada por alguno de sus personajes, se le sume a su nombre, su lugar de origen. Dos ejemplos de muchos, bastan para probarlo. San Antonio de Padua, lo es, por haber nacido en Padua, San Francisco de Asís, lo es, por haber nacido en Asís. Entonces, bien podría ser Jesús de Belén, y sin embargo se le conoce como Nazareno, por haber vivido en Nazaret, que es una ciudad ubicada en el distrito norte de Israel, a 10 kilómetros del monte Tabor y a 23 del Mar de Galilea. Por algo también a Jesús se le identifica como Galileo.
    Como ves Inge., Belén se pierde hasta en el patronímico del redentor. Pero eso no le puede quitar la importancia que adquiere en dos fechas que la religión le otorga desde que se conmemora el acontecimiento del nacimiento de Emannuel, cuyo significado es Dios con nosotros; una es el 25 de diciembre, y otra el 6 de enero. Y a partir de ahí, Belén no es noticia.
    Sin embargo, para la religiosidad, ahí está la iglesia de la Natividad, justo donde la gruta estuvo, también la Gruta de la Leche, donde se supone se refugió la Sagrada Familia en su escape a Egipto, y la cueva donde se cuenta que San Gerónimo pasó 30 años escribiendo La Vulgata, principal versión latina de la Biblia.
    Hoy, Belén de Judá es una porción de Cisjordania, y la administra la autoridad Palestina. Sigue siendo un pueblo pequeño, que según datos a 2010, apenas alcanzaba rebasar los 30 mil habitantes. Su economía la basa en el turismo que la religiosidad le hace llegar. Cuenta con una universidad, denominada Universidad de Belén, de corte católico, donde enseñan principalmente profesiones referentes al arte y a los idiomas. Es también sede del Centro de Cultura Palestino.
    Ese es Belén de Judá, el pueblo donde la estrella de Oriente se posó, y donde está noche, en iglesias, hogares y ciudades, será recordada por momentos, en la estrechez de un espacio que apenas es suficiente para representar el alumbramiento y la adoración, pero que se agiganta por el ilustre personaje que nace, por los actores que atestiguan la más grande historia contada año con año, hasta la consumación de los tiempos.
    Belén es eterna, como eterno es el personaje nacido en la gruta. Creas, o no creas.
    Feliz Navidad entonces, y no hagamos nada que se oponga al bello propósito que trae su mensaje, y que lo expresamos en un abrazo fraterno.
    Feliz Navidad Inge.