Geovanni Osuna
Las campañas de los políticos que se desarrollan en toda la geografía del estado para llegar a una Presidencia Municipal o una Diputación local están en todo su apogeo; con raras excepciones, en su mayoría los pretensos se distinguen por su opacidad, algunos de plano dan vergüenza ajena por los resultados en los puestos que han desempeñado.
Sin embargo, al presentarse con los electores lo hacen con un cinismo y una desvergüenza digna de mejores causas, o peores, según sea la óptica. Esa es la clase política que tenemos que soportar; una clase capaz de mentir hasta por los codos, inapropiada para un pueblo como el sinaloense.
Por eso la indignación va arraigando cada vez más en los ciudadanos, como expresión humana y social del derecho a la protesta, como respuesta a un malestar generalizado por los malos usos de los recursos públicos, del desprecio al bien común, de la indiferencia a la justicia por parte de los políticos.
El desmantelamiento moral del servicio público, que como único propósito busca repartirse el Estado como si fuera un negocio, como si fuera un rancho manejado por caciques, provocando un recorte sistemático de los derechos civiles, políticos, sociales, laborales, económicos, culturales y democráticos.
Afortunadamente, el pueblo está aprendiendo a distinguir a los farsantes y demagogos de la política, esos que se han preparado para cuentear, de aquellos que con sinceridad plantean sus ideas, que, como señalamos, en la actual contienda política son contados con los dedos de una mano.
Seguramente, al término de la jornada política, los electores votarán poniendo a cada cual en su lugar. No se puede tolerar a los aventureros de la política. Con sus votos los ciudadanos los pondrán en el lugar que merecen y tratarán que a las instituciones entren personas capacitadas para asumir la responsabilidad de dirigir el destino de un pueblo.
Sabemos que México es un País en el que los políticos manejan erarios públicos, recursos procedentes de los impuestos que paga el ciudadano, con fines patrimonialistas y no existe un mecanismo que los sancione, por lo que la corrupción es rampante y la impunidad otro tanto, y a esto no escapa Sinaloa.
El sojuzgamiento que sufrió el pueblo en este País con la permanencia por más de 70 años del partido único, dejó su manto de podredumbre que hasta la fecha sigue dando dividendos a los priistas. Ese lastre en la política sigue siendo un obstáculo para remontar el reino de los demagogos de siempre.
Se necesita mucha educación en el seno de la sociedad para rebasar ese trauma que nos ha perseguido por tantos años: el que provocan los políticos tradicionales, que en lugar de servir se sirven de los puestos públicos y que se identifica con el partido oficial, como la sociedad llamaba y sigue llamando al Partido Revolucionario Institucional, que vuelve por sus fueros con la perversidad que lo caracteriza.
Si hacemos un recuento del universo de denuncias ocurridas en la pasada campaña presidencial, es posible observar tres patrones de conducta ilegal: uso de dinero público para pago de operadores territoriales responsables de promover e inducir el voto a favor de partidos y candidatos; la dádiva graciosa (apoyos en efectivo, tinacos, refrigeradores, sacos de cemento, etcétera), financiada con el erario a cambio de votos, y la desviación de recursos públicos para hacer propaganda electoral.
Por supuesto, esperamos que estas prácticas no se repitan en las nuevas elecciones, del orden y la envergadura que sean. No hay justicia alguna en un sistema electoral que se precie de serio, cuando se permite que esto ocurra y las supuestas sanciones llegan a destiempo, en caso que lleguen, cuando lo que debiera suceder es la anulación de la candidatura con sus debidas consecuencias jurídicas y sociales para el candidato que abusa de esa forma de la voluntad polar.
La transparencia y la rendición de cuentas al pueblo son igual a democracia. Estos elementos son los que realmente limitan la existencia de la corrupción y la impunidad. Cosa extraña, pero que reiteradamente vienen ofreciendo, los candidatos del partido que por antonomasia lleva a cabo esas malas prácticas. La transparencia en los manejos del erario debe ser exigido, aún cuando los medios de comunicación intentan corromper la memoria de los mexicanos.
Pero somos optimistas y creemos que en el futuro le será cada vez más difícil al PRI y demás partidos políticos satélites, vender a los electores gato por liebre; lo afirmamos por las expresiones que se escuchan con más insistencia en todo el territorio nacional, sobre las vicisitudes sociales que padecen los electores que, por lo visto, no están dispuestos a seguir tolerando.
Esto se palpa en todo lo ancho del País, esta situación lejos de aminorar se agudiza día con día y cada vez con más fuerza. Hemos llegado a un punto en donde se necesitan para paliar los reclamos sociales soluciones integrales y de un profundo contenido social; si eso no ocurre, sin ser catastróficos, podemos predecir que se avizoran tiempos difíciles para el País.
Sinaloa es un pueblo de gente trabajadora que no merece la clase política que tiene, que usa y abusa de la generosidad del pueblo; por eso es bueno reconocer y dar a conocer las bondades de esta tierra por su calidad de gente, por su naturaleza y por su historia, a la que esperamos alguna vez se unan con dignidad políticos de otros colores y mentalidad a favor de su generoso pueblo.